“El vil metal todavía tiene margen para seguir creciendo”

Posted on 9 marzo, 2012

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Por Laura Mafud
En los últimos seis años, casi 4 millones de autos cero kilómetro se incorporaron a las calles. En 2010 y 2011, se vendieron, anualmente, cerca de 700 mil, el equivalente a un vehículo cada 44 segundos. Según el Indec, todos los años nacen entre 740 mil y 800 mil bebés. En la Argentina, mientras una mujer da a luz, se vende un auto. Con este marco de fondo, en una ciudad como Buenos Aires, que tiene una densidad poblacional de 14,3 habitantes por kilómetro cuadrado, la escasez de espacio, en unos años, puede convertirse en un problema. Las cocheras, ¿nuevo nicho de inversión? “Es fundamental entender el mercado en su conjunto. Las cocheras no dejan de ser un negocio inmobiliario aunque no tiene nada que ver con el boom en ladrillos”, desliza Mariano Otálora a poco de presentar su guía Inversiones para todos (Planeta). “Al investigar el tema, una de las sorpresas que me llevé es que, justamente, no hay relación entre los propietarios de garage con aquellos que tienen cocheras particulares. Parece el mismo negocio pero es diferente. Los dueños de garage se quejan de que el negocio es cada vez menos rentable porque los costos y los salarios que tienen que pagar al personal son mayores y la carga impositiva es muy alta. Pero la cochera no deja de ser una forma de ingresar al negocio inmobiliario. Hoy hay una fuerte demanda y se pueden conseguir unidades a partir de los u$s 15 mil. Pero no deja de ser una inversión conservadora”, dice.

Para todos los gustos
De su libro anterior, Del colchón a la inversión, que presentó a principios de 2011 y va por la sexta edición, Otálora vendió más de 20 mil ejemplares. Ahora, volvió al ruedo con una guía práctica para hacer negocios. Cada uno de los capítulos desarrolla los pros y contras de diferentes alternativas de inversión y comparte sus secretos para encontrar oportunidades. Desde invertir en fideicomisos inmobiliarios, hasta analizar si es más conveniente comprar un auto en efectivo, por medio de un plan de ahorro o a través de un préstamo; desde cómo importar y exportar un producto o servicio, hasta cómo involucrarse de lleno en el negocio del arte, del sexo o del fútbol. “Determinadas inversiones, que para muchos pueden ser muy complejas, como construir un edificio con amigos, están al alcance de todos”, comenta.
Cada tema está desglosado desde varios ángulos: a qué especialistas se debe buscar, cuáles son las ventajas, qué riesgos se corren, qué rendimiento se puede obtener y qué tiempos se deben estimar. En otras palabras, se desarrolla un negocio desde cero para mostrar cada uno de los puntos que el potencial inversor debe tener en cuenta a la hora de emprender. “Saber realmente con qué te vas a encontrar. El riesgo no está en la inversión sino en cómo se invierte”.
Otálora investigó nichos de inversión no tradicionales. “La compra y venta de jugadores, ingresar en el negocio del sexo o armar el propio show musical no deja de ser ni más ni menos complejo que comprar un departamento o montar cualquier comercio. Hoy, la gente tiene problemas para identificar oportunidades. Hay inversores que tienen el dinero pero no saben qué hacer con él”, dice. Y recalca: no hay negocios rentables o no rentables. “Uno tiene que estar alineado a lo que realmente quiera encarar”.
Para el especialista, no obstante, el principal error del inversor argentino es que, en muchas ocasiones, no tiene claro el objetivo. “A veces, se genera falsas expectativas que tienen que ver con invertir, por ejemplo, con escenarios de riqueza. Eso redunda, de alguna manera, en una desilusión. La gente invierte para salvarse. La verdadera inversión tiene que ver con invertir con escenarios de mejora. El dinero es importante pero no hay que vivir a través del dinero. Hay que tratar de vivir mejor y de que el dinero rinda cada vez más”.

Todo lo que brilla…
Durante años, el oro ha sido un refugio seguro en momentos de turbulencia. En 1997, la onza cotizaba a u$s 289; en 2001, descendió a u$s 276 y en 2011, tocó los u$s 1.750, poco más que los u$s 1.680 que cotiza el metro cuadrado, en promedio, en la Ciudad de Buenos Aires. Como apuesta a futuro, junto a la plata, el platino, el petróleo y otros minerales, el vil metal es un recurso natural limitado que, con el aumento de la población mundial, puede convertirse en una inversión interesante, destaca el volumen. “El oro todavía tiene margen para seguir creciendo. Pero es una inversión de riesgo y no conservadora porque el precio del metal puede fluctuar. De hecho, el año pasado cayó fuertemente. También hay que tener en cuenta otro riesgo, que tiene que ver con las comisiones que uno paga, que son altas: un 8% por ciento de comisión para entrar y otro 8 o 10 % para salir”. Para Otálora, la clave está en diversificar la cartera de inveriones.
En la Argentina, el arte mueve u$s 100 millones al año, cifra que, a nivel mundial, asciende a u$s 55.000 millones. Hace unos días Los jugadores de cartas, de Paul Cézanne, se vendió en u$s 250 millones, convirtiéndose en el cuadro más caro del mundo. ¿Cuánto se puede ganar con el arte? ¿Cuáles son los riesgos? La compra de obras de artistas reconocidos, valora Otálora, es la inversión más sencilla y costosa; lo complicado es detectar oportunidades adquiriendo obras de pintores emergentes. Es elemental, advierte, saber qué comprar. “Particularmente, no me resulta muy atractivo. No porque no pueda ganar dinero sino porque es un negocio en el que se miente mucho. El mercado del arte no está regulado. Hay que mirarlo con mucho cuidado. No todo lo que es arte es rentable y no todo es arte. A veces, se trasladan los éxitos de grandes obras que sólo pueden comprar excéntricos millonarios, algo que está muy lejos de lo que puede adquirir un trabajador con sueldo medio. Se manipulan las grandes obras para generalizar de que el arte termina siendo algo rentable”, justifica.
¿Es, hoy, momento para invertir? “Sí, siempre. El tema es dónde hacerlo. La Argentina, de por sí, es un país que viene de 10 años de estabilidad con buenos indicadores y, en las charlas de café con amigos, seguimos preguntándonos cuándo va a venir la próxima crisis. Eso genera, a su vez, un determinado atractivo. En la Argentina siempre va a haber oportunidades para invertir”, concluye.
EL CRONISTA

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