Mapplethorpe da una fiesta

Posted on 18 marzo, 2012

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Por Silvana Moreno
Todas las poetas punk quisieran (y algunas lo intentaron) una foto como la de Patti Smith en la tapa de Horses , su primer disco, de 1975. Hay algunas imitaciones por ahí: el ejemplo más célebre y actual es el de la actriz de Juno , Ellen Page, fan de la poeta y música. El resultado es simpático pero… aunque la foto sea en blanco y negro, con una chica morocha, camisa blanca, pantalones oscuros, corbata negra finita sin anudar y saco al hombro, la chica no es Patti Smith, la luz no es la misma, el encuadre tampoco y la impresión menos. Encima, el fotógrafo no es Robert Mapplethorpe.
“Aspiraba a lo que esta imagen contaba, que era una mujer vestida con ropa de hombre con mucho misterio, mucha confianza, actitud y carácter. La vi y pensé: ´Así quiero ser cuando crezca´”, cuenta la cantautora escocesa KT Tunstall sobre cómo la marcó esa foto de Patti Smith. Tan andrógina, tan Calvin Klein.
Que el modelo del retrato se vuelva modelo a seguir del público podría repetirse con otros fotografiados: desde megaestrellas como Andy Warhol hasta celebrities de culto como la fisicoculturista Lisa Lyon. Entre imágenes de señores musculosos, de esculturas y de flores, los retratos esperan hasta el 2 de agosto en el Malba en la muestra Eros and Order . “El eros del título va más allá de las fotos con contenido sexual: también está en las flores y en los retratos. Y el orden es el trabajo disciplinado, la luz, los encuadres, la impresión hecha una y otra vez hasta llegar a lo que se quiere”, enumera Anne Tucker en Buenos Aires, curadora de esta muestra y también del Museum of Fine Arts de Houston.
Pero atención: vale clasificar sólo para indagar mejor estas 132 fotos, propiedad de la Mapplethorpe Foundation, y la obra en general. Para ver la muestra, no. Todo tiene que ver con todo. “A Mapplethorpe no le gustaba mostrar su trabajo dividido en temas. Su idea era alternar, que las imágenes sadomasoquistas estuvieran en iguales condiciones que el resto de las fotos, tal vez para evitar que fueran marginadas”, cuenta Tucker. Ella, que en 2001 fue elegida por la revista Time la mejor curadora de Estados Unidos, escribe en el catálogo un texto para “ubicar” a su colega Gordon Baldwin, que sostuvo que a Mapplethorpe “debería recordárselo sobre todo por sus retratos”.
Tucker acepta que los retratos del artista “constituyen una gran parte de su producción” y que “son un material cultural muy valioso porque representan con mucha eficacia a la elite intelectual, artística y del mundo de la moda de Nueva York de los años 70 y 80”, pero asegura a la vez que “si Mapplethorpe hubiese sido sólo un retratista, la admiración que suscita en todo el mundo no estaría del todo justificada”. Para retratista a secas, concluye, se queda con Irving Penn.
Cuando Mapplethorpe se cruzaba con alguien que lo impactaba, le pedía retratarlo. “Así se conocieron con la diseñadora Carolina Herrera. Él quiso fotografiarla porque le parecía una mujer muy linda. Ella aceptó y, como era costumbre de Mapplethorpe, fueron varias sesiones. Y terminaron amigos”, sigue Tucker. Al fotógrafo lo impactaba gente muy distinta entre sí. A mitad de los años 70, cuando pasó de la Polaroid al medio formato de su Hasselblad, se lanzó a registrar a conocidos y desconocidos. Entre 1975 y 1988, época que abarca Eros and Order , fueron multitud.
La primera fue Patti Smith, su único amor heterosexual (“Si me dejás, me hago gay”, le dijo él, y así fue), la que lo conoció en 1973 como Bob Mapplethorpe y le hizo usar el nombre Robert, y con la que compartía el cuarto 1017 en el Chelsea Hotel, como cuenta Smith en el libro Just Kids , la historia en común de los dos, recién editado en Estados Unidos y Europa. Por el Chelsea también circularon los músicos Lou Reed, Leonard Cohen, Jimi Hendrix, Jim Morrison y Janis Joplin, y los escritores beatnik William S. Burroughs, Gregory Corso y Allen Ginsberg. Andy Warhol filmó ahí su película Chelsea Girls , especie de Gran Hermano de la bohemia neoyorquina “setentera”. De esos días, la muestra incluye el desnudo de Patti Smith aferrada a un radiador y un retrato donde la cantante aparece más linda y femenina que nunca, a tal punto que hay que mirar detenidamente para reconocerla.
Así, Eros and Order termina siendo casi una fiesta vip. Que sería así: temprano, llegan las chicas Mapplethorpe más clásicas, Paloma Picasso y Paloma Herrera, con esos collares de perlas y miradas heladas que tan bien iban a fines de los años 70. Combinan con Arnold Schwarzenegger, musculoso, con slip y cara de chico bueno al lado de un cortinado. “Mapplethorpe habrá hecho esta imagen por encargo”, sospecha Tucker. En la pista de baile de esta fiesta imaginaria, en tanto, se sacude el cuarteto más ochentista: la alemana Gloria von Thurn und Taxis (aristócrata princesa punk de ojos cerrados y peinado tirante, retratada como una alhaja sobre un paño oscuro), Lucy Ferry (noble británica, ex modelo, casada con el músico Brian Ferry, que sostiene su cabeza, como suspendida en el aire, con sus brazos llenos de esclavas metálicas), la fisicoculturista Lyon, de vestido strapless con bíceps y tríceps marcadísimos y, claro, Grace Jones, desde una foto de 1988 para la revista australiana Splash! donde, con un paño en la cabeza, recuerda la imagen de la chica afgana que Steve McCurry había publicado cuatro años antes en la revista National Geographic .
Cerca de la barra, un señor con estilo de oficinista vampiro, que no es otro que William S. Burroughs (al que Mapplethorpe registró con escritorio y máquina de escribir), pasa el rato con un trío feminista: la escritora Susan Sontag y su amante, la fotógrafa Annie Leibovitz, y la artista franco-estadounidense Louise Bourgeois, sonriente a los 71 años con un gran pene de látex bajo el brazo (futura escultura de bronce), que recuerda un poco a la mujer que llevaba el tronco en Twin Peaks , la serie de David Lynch.
Bien recibidos entre grupo y grupo, ahí estarían como peces en el agua Andy Warhol (todos quieren a A. W.), con polera oscura y aura angelical, y el mismo Mapplethorpe en plan camaleónico, según la sucesión de autorretratos que lo muestran con cuernos, maquillado, con aspecto de “motoquero” canchero, con ojos tiernos… Todo, bajo la mirada atenta de su mentor y amante Sam Wagstaff, el señor de cejas espesas, gesto duro y camisa escocesa de la foto de 1979.
LA NACION