El valor oculto de las dificultades

Posted on 23 marzo, 2012

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Por Miguel Angel Ariño
Las dificultades nos contrarian. Sin embargo pocas veces reflexionamos sobre el valor de ellas y de los inconvenientes de no tener problemas. Gracias a que Japón es un país pequeño y buena parte de su superficie inhabitable, los japoneses han sabido desarrollar la industria de las cosas pequeñas. Han sabido fabricar coches, electrodomésticos y productos de electrónica pequeños. Esta dificultad también ha hecho que sea el país más robotizado del mundo.
Los Estados Unidos, debido a un mercado interno muy grande, no se preocuparon durante décadas de exportar sus productos. Los fabricantes de coches japoneses vieron antes esa necesidad, por lo que capturaron una buena parte del mercado norteamericano, generando dificultades para General Motors, Ford y Chrysler.
Y es que tener las cosas fáciles no invita a que se agudice el ingenio, sino a seguir viviendo cómodamente. En cambio, las dificultades son un potente movilizador de creatividad para solucionar problemas. A nivel personal uno puede desear no tener contratiempos ni dificultades, pero eso hace que nos acomodemos y dificulta nuestro crecimiento. Cuando tenemos dificultades es cuando nos tenemos que esforzar para superarlas. Y el mismo afán de superación es lo que hace más fuertes a las empresas.
Enfrentar la situación
Este y el proceder de una economía de subdesarrollo es lo que me hace pensar que el futuro de China como país es imparable y que se van a comer a los occidentales. Estamos demasiado bien instalados en la comodidad. Tenemos miedo a la incertidumbre. Arriesgamos poco. Tenemos demasiados problemas solucionados. Faltan incentivos para mejorar. El siglo 21 es el siglo de Asia.
Hablando de contratiempos y dificultades, hay un error que es muy fácil de cometer tanto a nivel personal como en el ámbito empresarial. Cuando nos enfrentamos a una situación desagradable (estamos hartos de nuestro jefe en el trabajo u otra cosa que nos desagrade), muchas veces tomamos una decisión para salir de ella. Esto siempre es un error.
Cuando nos enfrentamos a una situación así, es lógico que intentemos mejorarla. Hasta aquí todo normal. Para ello, debemos elaborar planes de acción. Cuando encontremos una alternativa, lo que tenemos que hacer es analizarla y compararla con nuestra situación actual y sólo cuando estemos convencidos de que la alternativa es mejor que nuestra situación actual, entonces, adelante con la decisión.
Pero, seguir una alternativa solo porque nuestra situación actual no nos gusta es un error. Normalmente la alternativa que seguimos será peor. Si no que se lo pregunten a los que han dejado su trabajo hartos de su jefe antes de haber conseguido un trabajo nuevo. Con el tiempo, acaban añorando la situación anterior.
Hay que tener en cuenta, además, que, a la hora de comparar nuestra situación actual, con una situación alternativa tendemos a magnificar los aspectos negativos de lo que tenemos, y a no prestar mucha atención a los aspectos positivos y, al revés, tendemos a sobrevalorar los aspectos positivos de la futura nueva situación y a minimizar sus aspectos negativos. Nos representamos un idílico fantasioso cuadro futuro.
Condiciones para mejorar
En este error es muy fácil caer, pues las situaciones desagradables tienen en nosotros un impacto subjetivo mucho mayor que las situaciones agradables. Por eso, mucho cuidado antes de dejar el trabajo. Antes de dejarlo, cerciórate de que tienes otro y que este otro es mejor que el que pretendes dejar. Cómo nos sentimos cuando pasamos varios meses desempleado es algo que uno no lo imagina hasta que lo sufre. Sin embargo, el placer de decir adiós a un jefe que nos está atormentando supone a veces una tentación difícil de vencer. Pero hay que vencerla.
Lo mismo sucede en el matrimonio. Cuando se pasan dificultades, y todo matrimonio las pasa, en mayor o menor medida, puede venir la tentación de romper y buscarnos otro cónyuge. Pero eso es atacar los síntomas y no las causas.
Si uno no aprende a aceptar algunas dificultades o contratiempos en su matrimonio, e intentar superarlas, tampoco sabrá aceptarlas con cualquier otra parejas. Si, por el contrario, uno intenta aceptar que no es perfecto y que su pareja tampoco, puede mejorar. Ambos podrán valorar los esfuerzos que hace el otro y estarán en condiciones de seguir adelante. O nos acostumbramos a vivir, aceptar y valorar las dificultades o estamos abocados al fracaso.
EL CRONISTA