La nueva obsesión de Vilas

Posted on 21 abril, 2012

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Por Sebastian Torok
Guillermo Vilas es una leyenda y, como tal, su figura imanta. Es prácticamente imposible no prestarle atención cuando expone, rememora, pregunta, ejemplifica. Puede explicar cómo hizo para vencer a Jimmy Connors en la final del US Open 1977 o virar abruptamente contando el origen de los canastos para pelotitas. Con su sabiduría, egos, costumbres, sentencias. Perfeccionista e hiperactivo, el zurdo que llevó su tenis por el mundo camina la cancha de césped Bermuda -la misma clase que se utiliza en los torneos de Australia- del paradisíaco Pilar Golf Club; vestido completamente de negro, obvio, incluso con la boina del mismo color. “Es imposible no tenerle cariño a esta superficie, aunque suframos desamores en el camino”, bromea el Poeta al pasar, y de inmediato surge en la memoria aquello de que “el pasto es para las vacas”. Vilas es el director deportivo de la Peugeot Green Tennis Cup que se disputará en ese mismo court mañana y pasado mañana; minucioso como es, quiere que todo esté en orden, sobre todo la cancha, por ello él mismo la está testeando, pisando, ensayando golpes, efectos traicioneros, voleas…
Vilas celebrará 60 años el 17 de agosto próximo. Luce estilizado, fuerte, ágil. Seguramente mucho tiene que ver su modo de vida: no para un minuto. En pareja con la tailandesa Phiangphathu Khumueang, es padre de tres niñas: Andanin (8 años), Lalindao (2) e Intila (1). Y quizá busquen el varón.
“Soy una persona que siempre está en movimiento, haciendo proyectos. Y ahora sí, ya me lancé a armarlos. Yo los armo, los escribo en papel y básicamente es como que van cambiando, empiezo con una cosa y muda a otra, a otra, a otra? Tengo un libro que va a salir a fin de año. Ésa es una realidad. Tengo un amigo, que es muy inteligente, y le pedí que si me podía escribir un libro de lo que quisiera sobre mí. No hemos terminado”, le dice Vilas a LA NACION, durante una pausa, breve, en la que sigue igualmente encendido, firmando pelotitas, acomodando el encordado, tomando sorbitos de gaseosa light.
-Hace tiempo que no se te ve en un Grand Slam. No estás viajando con tanta frecuencia, ¿no?
-No, no, hace casi tres años que no viajo. Estoy en la Argentina. Tuve que quedarme. Igualmente mi mujer quería quedarse. Vinimos a quedarnos, habíamos tenido a la nena… A mi mujer le encanta la Argentina, está muy adaptada. Le gusta la manera de ser del argentino, la familia, eso es lo que me dice ella. “¿Cuál es la manera de ser de los argentinos?”, le pregunto. La de estar en familia, que pasean, que van a los parques, la gimnasia. Tailandia es un país de mucha energía, de mucho movimiento y está muy bien. Pero no tienen tanto tiempo. Es más laborioso. Para colmo, le agarraron todos estos asuetos que hubo y para ellos es algo inusual. Ellos están acostumbrados a una tormenta de trabajo.
-Hace un tiempo, durante un torneo en el Vilas Club, había una nena que jugaba muy bien y llamaba la atención. Era tu hija Andanin. ¿Sigue jugando al tenis?
-Sí, sí, y sigue mejorando. Tiene ocho años. Está muy entusiasmada, anda muy bien, juega conmigo todos los días a la mañana. Yo hago así: me despierto con ella, la llevo a entrenarse, después desde ahí se va al colegio y cuando sale vuelve a la cancha.
-¿Le mostraste videos, recortes o revistas de tu época de tenista profesional?
-Sí, claro que sí, sabe todo. Ella, en realidad, ahora está aprendiendo a jugar. No es de ver partidos actuales. Lo que más hace es jugar.
-Y vos, ¿estás mirando tenis?
-No, solamente juego, pego mis tiros, hago los testeos de las raquetas y de las cuerdas, y nada más. La entreno a mi hija, estoy escribiendo mis libros, estoy con esos proyectos. Tengo un sistema: tomo apuntes todos los días, me agarro algo, lo perfecciono y lo agrando. Cuando jugaba yo escribía todo. Tengo todos los cuadernos de cuando jugué, los tengo todos. Estrategias, tácticas, eran diarios.
-No mirás mucho tenis en la actualidad, sin embargo reconociste tu admiración por Novak Djokovic, el número 1 del mundo.
-Sí, es buena gente, somos vecinos en Montecarlo. Lo de Djokovic el año pasado es un poco lo mismo que me pasó a mí en el 77 [N. de la R.: en esa temporada, Vilas ganó 16 títulos, entre ellos Roland Garros y el US Open, más la final de Australia]. Hice, prácticamente, el mismo año que él. Yo creo que puede seguir ganando todo. Está bien armado, está afianzado. No lo he visto jugar mucho. Pero te explico por qué. Porque más adelante saldré con mi hija por el mundo, ahí empezaré a viajar, dentro de tres o cuatro años, entonces estoy preparándome para ese momento. Ella será profesional, totalmente. Entonces, como saldré al ruedo, quiero tener este descanso.
-Pero no debe pasarte inadvertida la actuación del equipo argentino en la Copa Davis o lo que está haciendo Del Potro en el circuito…
-La verdad es que tengo cero contacto con la Davis. Entonces no puedo decir nada coherente, no quiero que lo que diga pase y no deje nada. Evidentemente, al no estar conectado, no tengo información. La Copa Davis depende de la Asociación Argentina de Tenis y yo no tengo nada que ver. Ni tengo ninguna conexión. No tengo más elementos. No veo partidos de tenis de estos tiempos. Quiero armar estas cosas que tengo abiertas, que te conté. Casi no he dado interviews . Estoy muy ocupado. No quiero ver partidos porque después voy a tener una vida bastante ardua con mi hija. Van a ser diez años en los que quiero estar presente con ella. Siempre uno se mete en las cosas que sabe que las va a utilizar. Estoy en muchos proyectos. Si ahora me pongo con otras cosas, me voy a dispersar y es lo que no quiero. Tengo todo armado, con fechas, todo bien. Mi hija va muy rápido. Entonces puede llegar a ser una cosa inminente.
Claro, contundente, sin margen para ir más allá. Vilas sonríe, saluda, toma la raqueta, se pone de pie y vuelve a jugar. Es como una tromba. No para. Es así, obsesivo. Una leyenda. Tómelo o déjelo.
LA NACION

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