Zweg Stefan: Entre Brasil y la Argentina

Posted on 25 abril, 2012

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Por Alberto Armendariz
“Como el mundo está convencido de que no puede depender de la prosperity americana, para nosotros América del Sur surge como una esperanza viva.” En 1932, después de la Gran Depresión que hizo tambalear a Estados Unidos y sacudió el avispero político europeo, el escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942) estaba seguro de que la Tierra Prometida se hallaba en estas latitudes, más precisamente en la Argentina. Así se lo transmitió en varias cartas a su amigo Alfredo Cahn, un suizo radicado en Buenos Aires, periodista, traductor de la obra de Zweig al español y su agente literario en nuestro país.
Extractos de esa correspondencia, así como comentarios sobre los dos viajes de Zweig a la Argentina -que terminaron convenciéndolo de que El Dorado que tanto anhelaba no se encontraba aquí, sino en el vecino Brasil-, forman parte de la cuarta edición, ampliada, del libro Morte no paraíso (Editora Rocco), del brasileño Alberto Dines, que está a punto de publicarse, en conmemoración del 70° aniversario del suicidio conjunto de Zweig y su esposa en Petrópolis, el 23 de febrero. Reconocido periodista, fundador del sitio Observatorio de la Prensa y director, a lo largo de su carrera, de varios diarios y revistas, Dines, de 79 años, espera traducir pronto el libro al español.
“Zweig, que en su época era considerado un consagrado escritor, novelista y biógrafo, se volvió más conocido para las generaciones siguientes por su ensayo Brasil, país del futuro . El título se convirtió en una suerte de broma o maldición para Brasil; una eterna promesa que nunca se alcanzaba y que ahora muchos creen que se está concretando. Pero en realidad, muy poca gente sabe que todo comenzó por su interés por la Argentina”, contó Dines a adn .
Miembro de una adinerada familia judía de Viena, Zweig estudió filosofía y comenzó su carrera literaria publicando ensayos en el feuilleton cultural del diario Neue Freie Presse, que estaba dirigido por Theodor Herzl, el fundador del movimiento sionista moderno. Aunque Zweig no era muy practicante, tampoco rechazaba su religión. Y pese a tener una visión política clara, no integraba ningún partido.
“En esos años, Viena era una fábrica de utopías, y él era un idealista que estaba siempre en búsqueda de la perfección. Era un idealismo en la tradición de Goethe; desde temprano, él se consideraba un europeo, mucho antes de que existiera la concepción de una Europa unida”, explicó Dines.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, influenciado por las ideas del escritor francés Romain Rolland, a quien consideraba su maestro, Zweig adoptó un profundo pacifismo, que lo acompañaría toda su vida. Antes de que el conflicto acabara, publicó una obra de teatro, Jeremías , un drama poético contra la guerra y el triunfalismo, que, según él, generaba más guerras. La pieza fue un éxito y lo volvió conocido.
Ya para los años 20, después de haber escrito las novelas Amok , La confusión de los sentimientos y Carta de una desconocida , y biografías de Dickens, Dostoievski y Nietzsche, Zweig era un autor famoso en todo el mundo. Un escritor “comercial” gracias a que había explotado dos “nichos de marketing ” nuevos: el público femenino y el psicoanálisis (era amigo personal de SigmundFreud).
Con Europa revuelta por las fuerzas nacionalistas, se lanzó a una búsqueda del país ideal, perfecto. Recorrió la India, Suiza, Estados Unidos, el Caribe, y en 1928 aceptó una invitación del escritor ruso Máximo Gorki para visitar la Unión Soviética. Aunque reconoció grandes conquistas sociales, muy poco después los informes de los asesinatos y los campos de concentración lo desencantaron. Fue entonces cuando, tras leer Memorias sudamericanas , de Hermann von Keyserling, se apasionó por la idea de conocer América del Sur, y especialmente la Argentina.
“Sé muy bien que la vida intelectual allí da grandes pasos y creo que después de algunos años de inmovilidad en el idioma español, un nuevo impulso vendrá de la Argentina”, escribió a su amigo Cahn en Buenos Aires.
Por diversos motivos, dos viajes que planeó entre 1928 y 1932 se cancelaron, y en 1933, con el ascenso de Hitleral poder, temeroso por su futuro, decidió finalmente abandonar Viena e instalarse en Londres con su primera esposa, la también escritora Friderike Winternitz. En 1936 le llegó una invitación del PEN Club para participar en su congreso internacional, que se iba a realizar en Buenos Aires. Casi al mismo tiempo, un joven editor brasileño, Abrahão Koogan, le escribió con la intención de empezar a publicar su obra en portugués, y al enterarse de que pensaba viajar a la Argentina, lo invitó a pasar antes por Río de Janeiro, por entonces capital de Brasil.
“Koogan le consiguió una invitación como huésped oficial del presidente Getúlio Vargas. Lo ubicaron en el Copacabana Palace, el mejor hotel de la ciudad, y se le hizo una recepción en el Palacio de Itamaraty. Comenzaron así encuentros muy agradables para él, con conferencias, cócteles con mujeres muy lindas y exóticas, morenas, mulatas”, relató Dines, quien recordó que para entonces Zweig ya estaba mal con su esposa y todavía no había comenzado el romance con su secretaria, Charlotte “Lotte” Altmann, casi 30 años más joven que él. Se casaría después con ella, y se suicidarían juntos.
Según consta en sus diarios de viaje, Brasil fascinó a Zweig desde el primer momento. Quedó encantado con las diferentes tonalidades de piel y la ausencia de prejuicios raciales. “Descubrió aquí una cordialidad, una bondad que le gustó mucho. Él pensaba que esa convivencia pacífica que halló estaba en las antípodas de lo que sucedía en Europa”, apuntó Dines.
Al desembarcar en Buenos Aires, en septiembre de 1936, el ambiente le pareció más pesado. La Argentina ya vivía apasionadamente la Guerra Civil Española. El clima político estaba muy convulsionado, con el país fracturado entre los que estaban a favor y los que estaban en contra del fascismo. El Congreso del PEN fue un hervidero de debates, en los que participaron escritores como Jules Romains, Emil Ludwig, Filippo Tommaso Marinetti y Giuseppe Ungaretti, además de los locales Victoria Ocampo, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez y Eduardo Mallea, entre otros.
“Las divisiones políticas en la Argentina asustaron a Zweig; quedó muy decepcionado por la radicalización política argentina. Aunque Brasil estuviese en una cuasi dictadura, la cuestión política no era tan fuerte como en la Argentina, donde se la vivía con mucho fervor. Se retrajo. Tuvo una mínima participación en el congreso: no quería entrar en ese juego. Habló sobre cómo la política había hecho de su Europa un continente de odios, y dijo que los intelectuales no podían estimular esos sentimientos”, explicó Dines.
De vuelta en Gran Bretaña, se abocó a escribir ( La piedad peligrosa , Conquistador de los mares: la historia de Magallanes ), terminó su matrimonio con Friderike, se casó con Lotte y se mudaron a Bath. Cuando Hitler ocupó Polonia, Zweig escribió en sus diarios que estaba convencido de que ése sería el comienzo de una guerra mucho mayor. Inició una intensa correspondencia con Alfredo Cahn en Buenos Aires y con Abrahão Koogan en Río. Con el avance alemán sobre Francia, ya hacía planes para abandonar Gran Bretaña; creía que si París era ocupada, los alemanes invadirían luego las islas británicas. Se decidió entonces a regresar a América del Sur y a escribir un libro sobre Brasil, que se convertiría en el célebre Brasil, país del futuro .
“La guerra no para de resonar en su cabeza. Tras la caída de Dunkerque (4 de junio de 1940), en su diario anotó que ya había comprado morfina. No dice para qué, pero es obvio que la idea del suicidio ya estaba instalada”, indicó Dines.
Con su depresión a cuestas, el 21 de agosto de 1940, Zweig y su joven mujer volvieron a desembarcar en Río, pero por poco tiempo. Cahn le organizó una serie de conferencias en la Argentina y en Uruguay, con el título “La unidad espiritual del mundo”. Pero el escritor seguía más interesado por el exuberante vecino, y en el consulado brasileño en Buenos Aires consiguió un permiso de residencia permanente en Brasil.
“Hubo acusaciones de que escribió Brasil, país del futuro comprado por la dictadura de Vargas. Pero Zweig era casi millonario, no necesitaba dinero. Él ya estaba fascinado por Brasil, pero si hubo algún trato con el gobierno brasileño, la moneda de cambio que a él más le servía era ese permiso de residencia en Brasil. Creía que pronto su pasaporte británico ya no tendría utilidad, cuando Gran Bretaña fuese ocupada por los nazis”, destacó Dines.
Ya en Brasil, Zweig recorrió San Pablo, Minas Gerais, Bahía, Pernambuco y Pará para realizar sus investigaciones, y luego se instaló en Nueva York, para consultar varias bibliotecas estadounidenses. Ahí también comenzó a trabajar sin respiro en su libro de memorias, El mundo de ayer , que quería dejar como testimonio de su época.
Para su sorpresa, al volver a Río, Brasil, país del futuro fue pésimamente recibido por la crítica, aunque el libro se vendió muy bien. Se consideró bastante ingenua su valorización de la historia brasileña; afirmaba que la esclavitud en Brasil fue menos sangrienta que en Estados Unidos. En cambio, la sección económica del libro, realizada con la ayuda del empresario y académico Roberto Simonsen, presentó aspectos muy atractivos.
“Señaló la posibilidad de producir combustible a través de alcohol de caña de azúcar, porque Brasil no tenía petróleo en aquella época. Pero lo que es más destacable es lo que captó desde el principio su atención: la fusión de razas, el mestizaje. Vio blancos, negros, judíos, japoneses y árabes conviviendo en armonía. No hablaba de multiculturalismo, porque ésa es una palabra moderna, pero la idea está ahí. Lamentablemente esa cualidad el Brasil de hoy la está perdiendo, en parte por la expansión de la violencia y en parte por la falta de inversión en educación”, opinó Dines.
Zweig quedó muy triste por la recepción del libro y sintió que debía alejarse un poco de la vida social de Río, por lo que se mudó con Lotte a Petrópolis, en la Sierra Fluminense. Fue un error; quedó muy lejos del mundo, aislado, y eso empeoró su depresión. A pesar de todo, allí Zweig escribió Novela de ajedrez , una pequeña obra maestra que relata la historia de un campeón de ajedrez que viaja en barco de Nueva York a Buenos Aires para disputar un campeonato y en la travesía marítima se topa con una enigmática víctima del nazismo. Quien lo visitaba regularmente en Petrópolis era la poetisa chilena Gabriela Mistral, por entonces cónsul de Chile en Río de Janeiro.
Tras la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (8 de diciembre de 1942), se celebró en Río una conferencia interamericana de cancilleres, en la que, bajo la recomendación de Washington, toda América latina -salvo la Argentina y Chile- decidió romper relaciones con el Eje (28 de enero). Para Zweig entonces era inevitable que Brasil entrara en la guerra. Sus fantasmas se tornaron más inquietantes. Bajó a Río para ver el carnaval, que jamás había visto, y al volver a Petrópolis, el 18 de febrero, lo alcanzó la noticia de que un barco brasileño había sido hundido por un submarino alemán. Brasil se había metido de lleno en el conflicto bélico.
“La idea de suicidarse ya estaba en su cabeza desde hacía tiempo, pero los acontecimientos mundiales la hicieron madurar más rápido”, opinó Dines, quien destacó que Zweig y Lotte pasaron los últimos dos días de sus vidas arreglando todo para el suicidio: 19 cartas de despedidas, la casa en orden, inclusive un paquete de libros prestados con una nota para ser devueltos…
El 23 de febrero, la casera de los Zweig los encontró muertos sobre sus camas, tomados de las manos.
La Nacion