Lamentable agresividad del Reino Unido

Posted on 19 junio, 2012

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Por Roberto García Moritán
La agresividad del Reino Unido con España y Argentina son quizás dos de los signos distintivos en política exterior de la Administración del Primer Ministro David Cameron. Es como si quisiera reeditar una gestión similar a la de la señora Thatcher. Un comportamiento difícil de entender salvo por los eventuales beneficiones políticos de orden interno ante una situación de creciente inestabilidad económica. Tanto España como la Argentina no deberían dejar de perder este punto de vista en su análisis y, consecuentemente, desarrollar una estrategia diplomática que no sea solo contestar los desilusionantes exabruptos de Londres.
El último hecho exagerado y muy peligro adoptado por el Reino Unido con relación a Gibraltar ha sido anunciar que rechazará con la flota de guerra cualquier intromisión de España en las aguas circundantes al Peñón. Las declaraciones fueron formuladas por el Viceministro de Defensa, Nick Harvey. Los riesgos de un incidente militar es una posibilidad que Londres no tiene la intención de evitar a través de una respuesta diplomática a las reiteradas expresiones españolas de diálogo para solucionar el problema de la pesca como de la soberanía.
Con Malvinas pasa algo similar. El tono en que Londres se refiere a las iniciativas de conversaciones propuestas por Buenos Aires es igualmente intimidatorio. El Primer Ministro, David Cameron, ha señalado la intención de continuar defendiendo las Islas aun cuando no exista amenaza alguna. Eso significa la voluntad de continuar militarizando el Atlántico Sur de una manera que no guarda relación alguna con el comportamiento pacifico argentino. Una situación agresiva similar a la que se encuentra implementando con España.
Asimismo, para insistir en su arremetida provocadora contra la Argentina ha incitado a los isleños a un referéndum sobre el derecho de autodeterminación. Una convocatoria innecesaria como absurda por cuanto se tratan los isleños de ciudadanos británicos considerados como tales por las leyes interna del Reino Unido. Es obvio que el resultado no puede ser otro que uno unánime a favor de continuar siendo británicos. Es como hacer un referéndum en el mismo sentido en Londres.
Es de lamentar que el Reino Unido haya perdido el rumbo responsable y reemplazado siglos de diplomacia por la desmesura. Ese comportamiento constituye una grave amenaza a la seguridad internacional en el Mar Mediterráneo y en el Océano Atlántico norte y sur.
EL CRONISTA

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