Buzios, una daga en el mar

Posted on 15 julio, 2012

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Por Giorgio Benedetti
Abrazada por un interminable cordón de arenas amarillas salpicadas de barcitos y cálidos restaurantes de comida de mar, Armaçao dos Buzios -sintetizada como Buzios-, es hoy uno de los sitios más elegidos por los viajeros de este lado del mundo que se aventuran en tierras brasileñas. Se trata de una península que se interna aguas adentro en el Atlántico, tiene 17 diferentes playas en su haber y un bonito pueblo que despierta con perfil de carnavales en cada anochecer. Allí los adoquines adoptan fisonomías y dimensiones extrañas, y albergan en sus orillas tiendas y mercados de decoración, restaurantes del más alto nivel, heladerías y creperías al paso. Por último, las callecitas se sumergen en la arena y los ventanales de las posadas y bares balconean hacia la bahía de aguas saladas.
Buzios era un tranquilo asentamiento de pescadores hasta que un amigo argentino de Brigitte Bardot invitó a la francesa a conocer el lugar. La prensa mundial y la delicadeza de los paisajes de la región contribuyeron en simultáneo para que en poco tiempo la aldea se instale como una especie de Saint Tropez de nivel internacional.
Cada mediodía, las playas más visitadas son la Tartaruga, la Aceda y la diminuta Acedinha. Allí los visitantes combinan el descanso, las cervezas Antárticas (una de las más ricas del mercado brasileño) y el agua de los cocos fríos, con los paseos por los alrededores y la natación en piletones naturales que presta el océano. Para quienes busquen conocer todas las arenas de la zona existen una suerte de taxis acuáticos que ofrecen paseos cortos a precios razonables en lanchitas rápidas y de avanzado confort.

De acordes y batucadas
Con la caída de la tarde, la música se apodera de la atmósfera. Así, un solitario moreno entrado ya en años aporrea los acordes de Joao Gilberto en algún cafetín esquinero iluminado a fuerza de candelabros, mientras más allá una banda con tambores, redoblantes, timbales y panderetas improvisa una batucada. Sobre la Plaza Central, cerca de la peatonal principal, una feria de artesanos despliega sus objetos nativos.
Bien entrada la noche, los turistas llegan hasta los bares y discos que rodean el pueblo. Sobre la concurrida avenida céntrica, se encuentran los elegidos por los seguidores empedernidos de los ruidos, las luces estridentes, la samba y el frenesí. Por otro lado, para las parejas amantes del sonido de las olas y el aire húmedo del mar, las orillas de arena proponen un paseo tranquilo, con ciertos toques de romanticismo en su estado más puro.
Buzios combina la magia del edén caribeño con la diversión de los corazones cariocas. Y de esa entrañable fusión es que nace un sitio impecable, al que en verdad da pena abandonar cuando llega el momento de hacer valijas y regresar a casa.

Pisando la areia branca
Desde Buzios, quizás una de las excursiones más interesantes sea la visita a Arraial do Cabo, un pequeño pueblito de pescadores que se enaltece a sí mismo con su cordón de playas. Allí la arena obliga a los anteojos oscuros y el agua, que si bien es un poco fría por tratarse de una zona de mar abierto, parece condenada a la invisibilidad por su transparencia.
Praia dos Anjos (playa de los ángeles) es una de la más visitadas por los viajeros y nativos. Playa Grande es otro de los lugares para ver, pero sin duda la más bonita de todas es Praia do Forno (del horno), un paraíso en miniatura tímido y escondido entre las rocas de una bahía inaccesible en automóvil. Sólo se puede llegar ascendiendo en una caminata de 10 minutos por un pequeño morro que se alza en las orillas de la ciudad. El viaje en taxi acuático es otra opción.
El pueblo de Sacuarema, a pocos kilómetros de Arraial, constituye también un sitio interesante para visitar. Se trata de un centro de cría de caballos y plantaciones de frutas, que goza de una preciosa iglesia catedral del 1600 que otea la ciudad desde la cima de una colina. Para ofrecer a los turistas, tiene una laguna de agua salada que divide el pueblo en dos, enormes playas de arena gruesa muy blanca y olas grandes aptas para el surf.
Lo ideal para este paseo es alquilar un auto en Buzios y hacer una veloz recorrida por la ciudad de Cabo Frío. Luego, otros 10 kilómetros hasta Arraial, almorzar allí en alguno de los barcitos de Playa Grande y más tarde visitar Sacuarema para luego regresar con la caída del sol. z we

Coisa mais linda que eu vi pasar
En el bar Garota de Ipanema, la melodía homónima suena por los altoparlantes. La voz de Vinicius entona esa mítica canción que cautivó a una generación de brasileños y exhibió la belleza de la Bossa Nova por todo el planeta. Desde ese pub, que se asienta a pocos metros de la playa de Ipanema, en Río de Janeiro, 1965 Vinicius de Moraes cayó fascinado por las curvas y el modo de andar de una rubia debilidad llamada Helo Pinheiro. Enseguida escribió la inolvidable canción Garota de Ipanema. Desde entonces, el lugar plagado de fotografías del músico y su musa junto con partituras de la época, se ha transformado en un sitio de reunión ineludible para los intelectuales brasileños y los turistas. Antes de llegar a Buzios, el paso por la capital carioca impone esta visita.
EL CRONISTA

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