Por San Cayetano, los fieles desafían al frío y a la lluvia

Posted on 7 agosto, 2012

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Por Victoria De Masi
Las reposeras dejaron de invernar en los galpones de las casas. Las sacaron para que tomen aire sobre la calle Bynnon y a lo largo de la avenida Juan B. Justo. Acostumbradas al sol del verano, ahora prueban la resistencia de su hierro al calor de las brasas. De los tachos salen lenguas de fuego: las llamas son pequeñas pero están vivas y abrigan. Sobre los carbones encendidos, bruman las pavas. Sobre las pavas, tiembla el plástico que hace de techo para contener la lluvia. El mate pasa de mano en mano en esa ronda de reposeras que se armó alrededor del calor del tacho y bajo el nylon. Hace frío, como el año pasado, como el anterior. A la intemperie, los fieles de San Cayetano esperan para saludar a su Santo .
Bajo el lema “San Cayetano bendice nuestra patria con pan y trabajo para todos”, el barrio de Liniers transita su vigilia. Como todos los años, los chulengos están listos para vender hamburguesas y choripanes en las esquinas. Las santerías están abiertas y se consigue la figura del Santo a $ 18. Hay para elegir: chiquitas, medianas, grandes, con y sin niño Jesús, vestido de blanco o de marrón. Las espigas con estampita incluida este año sale $5. Cuando pase la medianoche, se conseguirán dos por el mismo valor.
Comparado con otros años, esta vez “acampó” menos gente en los alrededores de la Iglesia. Algunos dicen que se debe a las lluvias del viernes y el sábado. Otros se lo adjudican a la fe: la creencia está en baja, dicen. Pero quien resiste el mal tiempo y la crisis de las creencias católicas es Horacio Antonio Interliggi, 73 años, de Tapiales. Hace 46 años consecutivos que está entre los primeros de la fila, que hasta ayer no pasaba el polideportivo del club Vélez Sarsfield y sumaba 73 carpas. “San Cayetano me dio trabajo y salud. Hace unos años sólo vengo a agradecer y a pedirle por mi familia y amigos”, explica Horacio. Pero hay algo más. Por tradición, él entrega la ermita que le construyó al Santo de la Paz, el Pan y el Trabajo a una familia que se haya anotado en su lista. Es un ritual que cumple desde 1966 y la única condición es que la gente a la que le toque cuidar el pequeño santuario lo devuelva el 29 de julio para que San Cayetano pase –como el mate– a otra familia. “Durante el tiempo que lo tengan pueden sacarlo al barrio, llevarlo al trabajo o a reuniones de amigos”, agrega Horacio.
Dentro de la Iglesia, la gente anticipó ayer lo que se vivirá a partir de las 0 horas de mañana. La mano del fiel se apoya sobre el vidrio que contiene la imagen de San Cayetano, se persigna, invoca al Santo, pide y/o agradece. Quizás le deja un clavel. O una carta. Tal vez, una foto. Luego se va, mientras otra persona llega detrás, apoya una mano en el vidrio, se persigna, invoca al Santo…
Liliana Sánchez no entrará al santuario hasta que exploten –como todos las años– las bombas de papelitos plateados y salga por la puerta de la calle Cuzco la figura de San Cayetano. Estará en su reposera charlando con “las chicas”, las mismas que conoció hace 25 años cuando fue por primera vez a Liniers. “No andábamos bien y vine a pedir trabajo para mi familia. San Cayetano me cumplió y ahora vengo a agradecer”, cuenta esta mujer que vino de Caseros y es abuela de tres chicos. Con “las chicas” pasará la noche. De los canastos de mimbre asoman los termos, las galletitas, las bombillas de los mates. No habrá silenció sobre la calle Bynnon: dicen que la noche la pasarán bien abrigadas, charlando de cualquier cosa. Incluso, de San Cayetano.
CLARIN