Glaciares & cerros vestidos de blanco

Posted on 18 agosto, 2012

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Por Tomás Natiello
En invierno pareciera que la nieve sólo se encuentra en los grandes centros de esquí. Más aún en un año como éste, en el que las precipitaciones, sobre todo en la Patagonia, están siendo más abundantes que durante los últimos cinco años. Y bien al Sur, en tierras santacruceñas, esto se verifica a cada paso. Por eso hoy se puede disfrutar de la nieve de otra forma, en el rincón más al suroeste de la Patagonia.
Hay pistas pisadas donde practicar esquí alpino como las de Valdelén; hay senderos para recorrer con raquetas y disfrutar las postales más impactantes del país en Laguna Capri; hay chances de patinar en la pista de hielo más grande de Sudamérica, la Bahía Redonda del Lago Argentino, o bien de recorrer el mayor museo de glaciares del mundo. Y claro, existe la chance de navegar hasta la enorme masa de hielo para verlos en el momento en el que no hacen más que alimentarse de la nieve que cae del cielo.
El circuito que propone el sur de Santa Cruz va de Río Turbio y Valdelén a El Calafate; y de allí a El Chaltén.

Con rumbo a Mina 1
Valdelén es el nombre del centro de deportes invernales ubicado en la zona de la Mina 1, a cuatro kilómetros de la localidad de Río Turbio. La superficie esquiable es de más de 100 hectáreas, gran parte de ellas surcadas por senderos para esquí de travesía. La altura máxima del cerro es de 830 metros, y el desnivel esquiable es de 250 metros. En esta temporada 2012 no está disponible la aerosilla doble (por razones de mantenimiento), sólo funciona el T-bar y un poma. Además, hay otro poma para principiantes. Allí mismo, en el complejo Mina 1, hay tres opciones de alojamiento que incluyen una hostería, un complejo de cabañas y un albergue.
Los bosques que tapizan las laderas de la sierra Dorotea brindan un marco inmejorable para este pequeño centro de esquí que, como obra del destino, se aloja en las mismas montañas donde nació Río Turbio. Es que cuando a mediados de los ‘70 algunos entusiastas locales comenzaron a practicar esquí en los alrededores del pueblo, el mismo clima los fue llevando hasta dar con la ubicación actual del cerro; a medida que el deshielo desnudaba a la ciudad, los esquiadores fueron cambiando de sitio hasta dar con la ladera con mayor carga. Era, está claro, la de la Mina 1 que operó desde 1943 hasta 1963.

Bosques, glaciares y cerros
El Calafate es desde hace una década un destino de alta calidad. Siempre fue un sitio fantástico para descubrir por la magia de sus glaciares. Pero desde 2002 a la fecha, la cantidad de hoteles y hosterías de excelente nivel que se sumaron a su oferta, más las obras en el aeropuerto, entre otras variables, lo posicionaron de otro modo. Y en este proceso de crecimiento hay que incluir uno de sus hitos más recientes: Glaciarum, el museo del hielo patagónico, el más grande de su tipo en todo el mundo. Sorprende no solo por su arquitectura de vanguardia, sino también por la cantidad de información, la calidad de cada muestra y la facilidad con la que cualquier lego se puede poner a tono con la vida de los glaciares justo antes de ir a verlos personalmente. La mayor ganancia de este sitio se concreta cuando se parte de la ciudad hacia el Perito Moreno, el Upsala u otros gigantes helados. Por supuesto, también tiene espacios dedicados al esparcimiento, como el Glaciobar, excelente para disfrutar de unos tragos rodeados de hielo a temperaturas bajo cero.
El siguiente paso entonces es, necesariamente, visitar el Perito Moreno. Se puede ir por tierra hasta las pasarelas que permiten descubrirlo. Pero siempre es mejor aproximarse a él por agua; la excursión más frecuente es la que navega el Lago Argentino para llegar al mítico glaciar. Y en invierno hasta se puede tener la suerte de ver la zona de los miradores nevados, que mejoran aún más el espectáculo.
Una excursión para no perderse es la de “Todo Glaciares”: se parte por la mañana desde Punta Bandera, a 47 kilómetros de El Calafate, y se recorre el brazo norte del lago en busca de los glaciares Spegazzini y Seco, y la Bahía Onelli. Tras una caminata se pueden descubrir más glaciares: Onelli, Bolados, Agassiz y Heim norte. Lo mejor de esta navegación es que permite transportarse a los tiempos del propio Moreno y sentir que se es un explorador de verdad.
Unos 220 kilómetros más al norte, El Chaltén también se animó a promocionar sus atractivos en invierno. Una de las propuestas que ofrece el enclave son las excursiones con raquetas de nieve. Si el cielo no se desploma sobre las cabezas, y si las piernas responden, una alternativa prometedora es remontar el río Fitz Roy para llegar al Mirador del Cerro Torre. Más sencilla es la caminata que lleva al Chorrillo del Salto, una cascada de unos 12 metros que en época invernal permanece congelada casi en su totalidad. En tanto, con un poco más de esfuerzo físico se puede acceder con raquetas al primer Mirador del Fitz Roy y a la laguna Capri, de nuevo, la postal por excelencia.
Claro que si la idea es solo descansar y contemplar, hay opciones más relajadas, como un paseo en minibus por el circuito Lago del Desierto.
EL CRONISTA