Cría en libertad, en la magnífica geografía de Calamuchita

Posted on 21 agosto, 2012

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Cuesta arriba, en la inmensidad del in­finito cielo limpio que abraza el campo, de lejos la manada dividida en potreros, dibujados por largas pircas de piedras que se mantienen intactas desde la historia del lugar, fotografían el vistazo rá­pido que nos permite el paso. Gentilmente Justo Norman propietario del harás y su ad­ministrador Javier Bustos nos reciben para llevarnos por la tranquilidad del lugar y la na­turaleza pura que mantiene, mientras nos cuentan la historia y su inicio. “Paso del Sauce nació en el año 1997 cuando mi padre y yo fuimos al harás Atalaya a bus­car un padrillito árabe para cruzar con nues­tras yeguas criollas y volvimos absolutamente enamorados de la raza árabe cuando vimos los ejemplares maravillosos que ahí se criaban. Comenzamos entonces a estudiar todo lo que pudimos sobre esta raza y empezamos a realizar nuestras primeras compras de yeguas tanto en el mismo Atalaya como en otras harás de la Provincia de Bue­nos Aires y Brasil”. Nos cuenta entusiasmado Norman.
Y agrega “Desde el principio tuvimos el amis­toso consejo de los hermanos Cesar y Mauri­cio Bereta, que juntamente con Willy Oppen nos ayudaron en nuestros primeros pasos. Estamos convencidos que nadie debe em­prender la organización de algo tan delicado como el inicio de un harás, sin el asesora-miento de gente con experiencia en la raza. Es la única forma de disminuir la cantidad de errores, que de cualquier forma igualmente cometeremos y seguiremos cometiendo, por­que en esta actividad cada día nos trae una nueva enseñanza que ayuda a ir corrigiendo el rumbo” enseñó.
Luego de un asado campero y un café en el mirador de la casa, comenzamos nuestra tra­vesía por el lugar.
Imponentes y destacables, con aire de due­ños, yeguas y padrillos se lucen sueltos en el picadero. Con singularidad racial, debe su re­putación a su inteligencia, carácter fuerte y resistencia sobresaliente. Cabezas caracte­rística y la cola siempre en alto, movimientos suaves que deslumhran belleza, como perci­biendo la mirada atenta de los presentes. La cría en Paso del Sauce, es a campo, suplementando una adecuada nutrición para la época de bajas pasturas, que en esta región es prolongada. El lugar reúne características más que propicias para la cría de caballos árabes, los cuales no encuentran impedimen­tos para adaptarse y desarrollarse plena­mente.
“A veces nos han preguntado porque criamos caballos árabes y no de otras razas. Esta pre­gunta es difícil de contestar, hasta que uno tiene la experiencia de entrar a un piquete con caballos de varias razas y ve la belleza asombrosa de los árabes y la afinidad que tienen con el hombre, al que vendrá a buscar como un amigo. Esta actitud esta imbuido en los mismos genes del caballo árabe, que desde sus orígenes en desierto de Nejed, en Arabia compartía la carpa con su dueño y su familia. Su lealtad con sus dueños era tal, que era común que desmontado el jinete en alguna batalla, al enemigo le era imposible rematar al caído, porque su caballo a pata­das lo defendía hasta su último aliento” contó.
Cuando Justo Norman inició la cría alguien cercano le enseñó “no perder el tipo árabe con buenos aplomos” siendo aquello lo que les permitió distinguir en cualquier parte, “el maravilloso porte de un caballo árabe”. Con­sejo que delineó en cierta forma los objeti­vos del harás; criar caballos lindos, de gran movimiento, con característica racial” “La crianza del caballo árabe no es una línea ascendente y permanente, sino que se va nu­triendo de triunfos y derrotas. De grandes sa­tisfacciones y desilusiones ya que en esta actividad nadie puede garantizar nada. La yegua que un año nos da un gran campeón, al año siguiente, con la misma cruza, nos da una gran desilusión y nos deja con la duda sobre si insistir en el servicio o no. Pero qui­zás esto mismo sea una de las cosas más emocionantes de todo esto, ya que nadie sabe que le espera en la siguiente primavera. De hecho, hay una vieja broma entre los criadores, que dice que los criadores somos eternos y vivimos para siempre, porque nadie quiere perderse saber que nos depara la siguiente primavera” precisó. En los potreros del harás, se encuentran los mejores caballos de las distintas líneas de sangre del mundo, los cuales han sido debi­damente registrados en el studbook argen­tino.
“El polifacético árabe” compite hoy en mu­chos campos de actividad ecuestres, lo que los hace una de las diez razas de caballo más populares en el mundo. Pero fue en el endu-rance la disciplina donde demostró sus gran­des aptitudes deportivas, siendo la raza ideal por su resistencia, recupero de pulsaciones en mejores tiempos, lográndose con nuestros caballos tiempos record en las competencias internacionales.
“De las numerosas cualidades del caballo árabe quizás una de las más notables es su prodigiosa resistencia. Muy a menudo, gente que no es del ambiente equino no pueden creer que ese caballo de apariencia fina y delicada pueda galopar 120 kilómetros un día y repetir la hazaña al otro día. En las competencias de enduro es fácil comprobar, que casi invariablemente los caballos árabes o cruza árabes ocupan todos los primeros puestos. Un buen pura sangre le puede ganar a una caballo árabe en los primeros 3 o 4 ki­lómetros, después…mejor que se acostumbre a comer polvo, ya que el árabe normalmente resulta superior. En este mismo sentido, no puedo dejar de recordar con satisfacción, la total falta de fe que nuestra gente en la Es­tancia recibió los primeros caballos árabes. Ellos, al igual que sus abuelos y sus padres, siempre habían luchado en las cuestas roco­sas con las vacas matreras que huían del lazo, montando los caballos criollos de la zona. ¿Cómo iba a ser mejor este caballo raro que por puro capricho traían los patro­nes? Un año después ninguno de ellos quería montar otra cosa que no fuera un árabe! Todo un homenaje a la raza de gente hecha de a caballo” destacó Norman. Y agregó: “en este sentido, resulta notable la demanda insatisfecha que hay de caballos árabes de enduro. Esta actividad que ha crecido muchísimo en todo el mundo, en los últimos años demanda caballos árabes sanos y atléticos que lleva años preparar, y que re­cién pueden empezar a competir después de los 6 o 7 años. Es por ello, que para los harás, este representa un nicho de actividad y des­arrollo de sumo interés”
REVISTA EQUINOS

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