Los engaños de la percepción: un riesgo en la toma de decisiones

Posted on 22 agosto, 2012

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Por Olivia Sohr
Nuestra idea del mundo muchas veces tiene poco que ver con la realidad. Todos creemos que somos de clase media, idealizamos a otros países y sobrerrepresentamos a los inmigrantes. Las encuestas de percepción nos muestran cuántas veces nos equivocamos al evaluar la realidad. Todo depende, claro, del cristal con que ésta se mire.
“La mayoría de la gente en la Argentina, cuando le preguntan dónde se ubica en la escala social, cree que está en el medio”, explica Guillermo Cruces, investigador del Centro de Estudio Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), que realizó un estudio específico sobre el tema.
Es decir, todos pensamos que somos de clase media, aunque esto sea matemáticamente imposible. Y para eso, nuestro entorno social juega un rol clave: “Hay una tendencia a compararse con nuestro grupo de referencia, que es más homogéneo que la sociedad. Y, por lo tanto, creemos que estamos en el medio”, agrega.
Conocer los datos fehacientes no siempre termina con la distorsión. De hecho, durante el estudio se hizo la prueba de explicarle a las personas dónde se encontraban efectivamente en la escala distributiva de acuerdo a su nivel de ingresos. Y a pesar de tener una comprobación que refutaba sus creencias, muchos desacreditaron los datos y siguieron firmes en su postura original. “Ocurrió especialmente con los que tienen ingresos superiores. Quienes tenían ingresos inferiores, en cambio, después de conocer los datos se manifestaban más a favor de la redistribución que antes”, señala Cruces al respecto.
Por cierto; la forma como percibimos a la sociedad difiere de la realidad hasta en las pequeñas cosas que resultan muy sencillas de constatar. Los porteños, por ejemplo, piensan que hay más mujeres que hombres. Muchas más mujeres que hombres: “Un cuarto de los encuestados cree que hay casi tres mujeres por hombre, dato que no guarda relación alguna con las cifras del Indec”, concluye la encuesta realizada por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (COPUB), entre habitantes de la Capital Federal. Aunque hay más mujeres que hombres (1.2 por cada porteño), las proporciones nunca alcanzan el nivel percibido por un cuarto de los capitalinos.
La experiencia personal, los círculos sociales en los que nos movemos, la información que nos llega y las imágenes que transmiten los medios de comunicación influyen sobre nuestra manera particular de ver y percibir el mundo.
Y esto sumado a nuestros propios prejuicios genera, muchas veces, una visión distorsionada de la realidad.
Sin ir más lejos, el caso de la inmigración es un fenómeno mundial que lo prueba. Un estudio hecho por la Organización Internacional para las Migraciones demuestra que se tiende a pensar que la proporción de inmigrantes es mucho mayor a su peso real en una sociedad específica. En los Estados Unidos, por caso, los encuestados estimaron que los inmigrantes representan un 39% de la población, cuando en realidad son el 14%. El caso más extremo es el italiano, donde los inmigrantes son el 7% de la población, pero son percibidos en ese país como si representaran por lo menos el 25%. En España hay un 12% de inmigrantes, pero los ibéricos creen que son el 21%.
Y la Argentina no escapa a esta tendencia: “Para el 45% de los encuestados, casi uno de cada tres habitantes es un inmigrante de un país limítrofe, es decir, se cree que constituyen aproximadamente un 33% del total. Eso significaría que habría 12 millones de extranjeros de países limítrofes viviendo en la Argentina”, arroja la encuesta de la COPUB, un dato bastante alejado de la realidad. Según el Censo 2010 existen 1,8 millones de extranjeros viviendo en la Argentina, y 1,2 millones provienen de paíes limítrofes.
La percepción de quiénes son los inmigrantes que residen en el país tampoco es la correcta. Según el mismo análisis, la mayoría piensa que los bolivianos son la comunidad más importante entre los inmigrantes, pero por cada boliviano hay, en rigor, 1,6 paraguayos.
Otro grupo sobrerrepresentado en el imaginario social es el de los graduados universitarios: “Un 40% cree que los universitarios constituyen más del 20% de la población cuando, en realidad, ese grupo no llega al 10%”, afirma el estudio de COPUB.

Sensación térmica
En el tema de la inseguridad, también hay un efecto distorsionado de la percepción. Pero como los datos objetivos no son siempre fiables, es difícil definir cuán cerca se está de la realidad. Si se compara la “percepción de inseguridad” entre distintos países, como lo hizo el Barómetro de las Américas, aparece que los argentinos se sienten menos seguros que los mexicanos. O que los colombianos, los venezolanos o los brasileños. De hecho, salvo los peruanos, los argentinos tienen el promedio más alto cuando se les pregunta en una escala del 0 al 100 cuán vulnerables se sienten a ser asaltados o robados en su barrio. Las tasas de homicidio y de criminalidad son, sin embargo, más bajas que en la gran mayoría de los países de la región.
“La percepción del temor e inseguridad no tiene correlación significativa, en general, con los grados de victimización”, destaca un informe sobre seguridad ciudadana de Latinbarómetro. Se trata de un fenómeno que abarca a toda la región. El porcentaje de personas en América latina que considera a la seguridad su principal preocupación viene en aumento, aún cuando las encuestas de victimización, que preguntan a las personas si ellos o sus familiares fueron víctimas de un delito, no muestran un alza en la materia.
Un momento en el que siguen presentes nuestros prejuicios y estereotipos es a la hora de juzgar a nuestros vecinos. Consultados por el Pew Research Center, la mayoría de los europeos consideró a los alemanes como los más trabajadores del continente. Salvo los griegos, quienes piensan que ellos mismos son los más laboriosos de Europa. Es difícil establecer quién tiene la razón, todo depende, de nuevo, de los parámetros que se tengan en cuenta para arribar al resultado. Pero para sorpresa de muchos, si se toma la cantidad de horas laborales, los griegos serían quienes más tiempo dedican al trabajo en Europa (aunque la cantidad de horas no asegura una mayor productividad, por supuesto).
Un último ejemplo que hace a las distorsiones de la realidad: China tiene un PBI per cápita seis veces menor que el de los Estados Unidos. Mientras los Estados Unidos tienen 29 empresas entre las 100 más grandes del mundo, el ránking sólo incluye a 10 chinas. Pero la mayoría de los estadounidenses piensa que China es la mayor potencia económica, según la encuesta del PEW Research Center. La influencia del discurso de los medios de comunicación sobre el boom de la economía china, sumado al pesimismo reinante en los EE.UU. durante la crisis, hizo que la mayoría de los americanos pensara que el país asiático ya es la mayor economía mundial.
Pero lo que piensan los norteamericanos no es lo que piensa necesariamente el resto del mundo. Especialmente en los países menos desarrollados, donde la gran mayoría sigue viendo a los Estados Unidos como la primera potencia mundial indiscutida. Incluso en China, donde sólo el 29% cree que su país es el líder económico del globo. Es, de nuevo, todo una cuestión de percepción. Y muchas veces, en nuestras percepciones, los datos objetivos no tallan demasiado fuerte.
Ahora, ¿por qué es tan importante nuestra percepción? No sólo porque siempre es mejor tener una idea exacta de las cosas, en lugar de una basada en prejuicios o ignorancia, sino también porque la opinión pública pesa a la hora de tomar medidas coyunturales. Si creemos que hay más inmigrantes de los que realmente hay, tendremos menos inclinación a querer recibirlos. Si la mayoría cree ser de clase media, habrá un menor apoyo a las políticas de redistribución.
La máxima para poder tomar decisiones es tener un diagnóstico exacto de la situación. Si como opinión pública partimos de una base errada, hay pocas chances de que exijamos y apoyemos las medidas que van en el sentido correcto.
EL CRONISTA

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