Juliette Binoche: una actriz en estado de riesgo

Posted on 8 septiembre, 2012

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Por Fernando López
Hace tiempo que Juliette Binoche puede elegir a gusto los papeles que quiere interpretar. Que en su currículum figuren nombres tan significativos como Kieslowski, Malle, Haneke, Godard, Assayas, Minghella, Kiarostami, Leos Carax, Cronenberg o Bruno Dumont, entre otros, y que haya afrontado trabajos tan exigentes como los de Bleu, Caché, El paciente inglés, La insoportable levedad del ser o Copia certificada le han dado ese privilegio. Sin embargo, ella suele elegir personajes que representan casi invariablemente compromisos riesgosos. Arriesgarse la estimula, dice, y asegura que está atenta a no dormirse en los laureles. “Una actriz debe abrirse a experiencias nuevas, a exponer sus sentimientos más profundos para despertar su alma, atreverse a abordar material nuevo. El verdadero riesgo reside en la repetición, en estancarse en certezas.”
Esa necesidad es la que seguramente la llevó a asumir el papel protagónico de Elles , el film franco-polaco-alemán que CDI presentará pasado mañana y donde fue dirigida por Malgoska Szumowska. En este caso, le toca el papel de una madre de familia de la clase alta que trabaja como periodista para la revista Elle y está desarrollando una investigación sobre el fenómeno de las jóvenes estudiantes europeas que han elegido la prostitución como modo de vida para pagarse los estudios y gozar de cierta holgura económica. El vínculo con dos de ellas, una francesa y una polaca, que parecen haber asumido esa elección sin mayores conflictos psíquicos, morales o emocionales, hará que tambaleen algunas certezas de la protagonista.
Fue Slavomir Idziak, el fotógrafo con el que trabajó en Blue , de Kieslowski, quien le presentó a Szumowska, definiéndola como una de las mejores cineastas polacas de su generación (tiene ahora 39 años). “Me gustó su energía -ha comentado Binoche-. Era un poco provocativa, pero la sentí sincera. Y aunque cuando hablamos la primera vez me confió sus dudas de que pudiéramos entendernos -las dos tenemos personalidades fuertes-, nos atrevimos a probar y todo marchó muy bien.”
La actriz ha confesado que cuando leyó el guión se dio cuenta inmediatamente de la inteligencia con que se había desarrollado el espinoso tema, utilizando un enfoque valiente y nada simplista. La película no acusa a nadie, solamente expone; permite ver los insidiosos cambios de una sociedad que influye en nuestro modo de ser y en nuestro modo de pensar.
“La prostitución es rentable -añade en una entrevista facilitada por la compañía distribuidora-; no requiere mucho tiempo, ofrece una cierta comodidad económica y permite sentirse parte de la sociedad de consumo. Estamos acostumbrados a ver anuncios en las calles y en las revistas de chicas casi pubescentes rodeadas de todo tipo de lujos y adoptando poses que rozan lo pornográfico. Con el tiempo, estos anuncios nos llevan a creer que la juventud, el lujo y el sexo quedan bien y que no hay que alarmarse, que tampoco es para tanto.”
La idea original fue de la productora Marianne Slot. Sucede que los medios europeos hablan con frecuencia de las jóvenes que se prostituyen para poder pagarse los estudios y ella se sentía intrigada por este fenómeno social. ¿Qué significa para estas mujeres? ¿Qué dice acerca de la sociedad? ¿Es la prostitución la última liberación para la mujer al tomar posesión absoluta de su cuerpo, incluido el derecho a venderlo? ¿O se trata de una sumisión intolerable? Al desarrollar la idea en un guión, la realizadora y su coguionista, Tine Byrckel, quisieron plantear estas preguntas sin enjuiciar a nadie. Como dice Juliette: “Cuando una película intenta dar una respuesta moral, es una catástrofe. Las películas no están para dar soluciones”.

Interrogantes
Entre la actriz y la directora, hubo respeto y comprensión desde el principio, según cuenta Juliette. “Sentí -dice- que había algo de ella en la película que debía salir a la luz. Fue un nacimiento artístico, emocional e intelectual.”
-¿Puede entenderse entonces que al interpretar a la periodista que entrevista a las dos chicas se convirtió en el álter ego de Malgoska?
-No se trata de ella, sino de las preguntas que plantea. ¿Qué es una mujer? ¿Cómo es su sexualidad? ¿Cuáles son sus miedos, sus juicios? ¿Qué es la prostitución? ¿El placer? ¿La juventud? ¿Qué la excita? ¿Qué representa estar casada? ¿Qué es avergonzarse? ¿Qué es estar atrapada? ¿Qué es ser una madre? ¿Una periodista? La directora explora estas preguntas a través de mi personaje y yo me convierto en su cómplice, su inspiración, su hermana, su sombra, su documentalista.
-Y se pone en lugar de su personaje.
-¡Cómo no sentirse fascinada, horrorizada, envidiosa de la aparente libertad de la juventud, de su elección! Durante las entrevistas con las dos chicas aparece la conciencia. Pueden ser vistas como monstruos, pero también como dos chicas asustadas. La soledad de las dos estudiantes y la soledad de la protagonista no están tan alejadas.
En cuanto al acercamiento que se aprecia entre ellas, dice que también lo hubo entre las tres actrices, aunque de modo diferente: “Anaïs Demoustier es una joven estrella del cine francés, sensible, inteligente. Joanna Kulig transmite sobre todo un gran deseo de libertad, un lado indomable que puede manifestarse en cualquier momento. Se nota que lo da todo cuando interpreta. Las dos tenemos algo en común, nos gusta morirnos de risa”.
Y cuando habla de Elles y de la tentación de catalogarlo como film feminista, suele intercalar una aclaración: “Hablar de las mujeres, de lo femenino, de la intimidad no es ser feminista. En mi opinión, la palabra feminismo es inadecuada. La película no intenta moralizar ni defender. Sólo mira el uso que se hace del cuerpo e ilumina una situación inducida por la sociedad; el deseo de vender, de sorprender, de influir y de mostrar el cuerpo como un objeto, con lo que se niega la existencia de la persona”.
LA NACION