Soros, el magnate húngaro que colgó los guantes

Posted on 17 septiembre, 2012

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Por Felipe Ramírez Mallat
“Deseamos expresar nuestra gratitud a aquellos que escogieron invertir su capital con Soros Fund Management LLC durante los casi últimos 40 años. Confiamos en que se han sentido recompensados con su decisión a lo largo del tiempo”. Así, casi lacónico, fue el mensaje institucional a través del cual el miércoles se anunciaba que el gurú había comenzado a despedirse del mundo de las luminarias financieras.
La historia dice que nunca quiso ser parte, que cuando se acercaba a los 30 años pensaba retirarse a estudiar filosofía y letras. Pero el bichito fue más fuerte y hoy, poco más de medio siglo después de que iniciara su recorrido en el mundo de las finanzas, amasa una fortuna que, según la revista Forbes, asciende a u$s 14.500 millones.

Hijo de la Guerra
Nacido el 12 de agosto de 1930, György Schwartz pasó sus primeros años de vida en el seno de una acomodada familia judía en Budapest, que con la llegada del nazismo debió cambiar su nombre por algo más “húngaro”. Tras el fin de la guerra -y el inicio de la ocupación soviética- el joven Soros emigró a Inglaterra en 1947, donde cursó sus estudios universitarios en la prestigiosa London School of Economics. Una vez egresado, se embarcó hacia los Estados Unidos para trabajar como corredor para la firma F. M. Mayer en Wall Street. Por esos días, su plan era trabajar durante cinco años, tiempo durante el cual -calculaba- podría llegar a juntar u$s 500 mil y luego retirarse para dedicarse a leer y escribir filosofía.
Pero una cosa llevó a la otra, y no pudo parar. Las finanzas se le daban bien y cada vez que lograba un triunfo quería ir por un trozo más grande de la torta. Luego de Mayer, se mudó a Arnhold and S. Bleichroeder Advisors, donde puso los pilares de lo que sería el ahora icónico fondo Quantum, en 1969. Cuatro años más tarde, cuando contaba con 43 primaveras, inició su propia firma.
Hacia el final de la década, Quantum gestionaba unos u$s 100 millones y su fortuna personal alcanzaba los u$s 25 millones. En 1979, fundó Open Society para promover la democracia y la economía de mercado en Europa del Este. Sin embargo, a pesar de hacerse cada vez más conocido como financista e incipiente filántropo, no fue hasta los ’90 que Soros ganó notoriedad mundial.
Corría 1992 y el mago financiero estimaba que la libra esterlina se encontraba sobrevaluada. Con sangre fría, apostó y se llevó u$s 1.000 millones (ver recuadro) en la operación, ganándose el temor de los banqueros centrales y la admiración de los apostadores financieros de todo el mundo.
Después de eso, cada uno de sus movimientos fue seguido con lupa. Repitió el truco en Malasia, en el comienzo de lo que fue la crisis de los tigres asiáticos en la segunda mitad de los ’90. Luego la emprendió contra el rublo ruso. Y su nombre fue tan temido como admirado.
Se transformó en una persona capaz de levantar el teléfono para acercar recomendaciones a Margaret Tatcher y a George Bush sobre reformas a las relaciones financieras y económicas mundiales. Poco antes de la última crisis financiera, se presentó frente al Congreso de los Estados Unidos para predecir el estallido. Según su concepto -dice el autor ruso Vlad Grinquévich- las expectativas, incluyendo las de mercado, no son más que una categoría psicológica y que pueden ser controlables mediante ataques en los medios de información o declaraciones de políticos y expertos.
De ahí, a la filantropía. Open Society fue sólo el comienzo, ya que actualmente financia una red de fundaciones que operan en más de 70 países alrededor del mundo.

La “obra” Soros
Se calcula que a la fecha, George Soros ha donado unos u$s 8 mil millones en beneficencia. Sus aportes se dedican especialmente a promover la formación en derecho, medios, cultura e Internet. En 1992, aportó u$s 50 millones a las Naciones Unidas para que los hiciera llegar a los habitantes de Sarajevo afectados por la guerra, y en 1996 fue el mayor donante de los Estados Unidos para la ayuda de inmigrantes legales, con un aporte de u$s 360 millones.
En octubre de 2001, su billetera se abrió para aportar u$s 250 millones a la Central European University, que él mismo había fundado en Budapest en 1991, un año antes de saltar a la gran fama financiera mundial.
“Nadie que haya leído una revista financiera en los últimos años puede decir que no está al tanto de que en estos días realmente hay inversores que no sólo mueven dinero en anticipación a las crisis de monedas, sino que hacen lo posible por gatillar esas crisis por diversión y ganancias. Estos nuevos actores en la escena aún no tiene un nombre estándar; mi término propuesto es llamarlos ‘Soroi'”, escribió categórico el futuro Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en 1999.
Así, muchos han criticado el accionar despiadado de Soros a la hora de apostar fuerte contra una moneda determinada por el impacto que produce en las economías locales. “La filantropía es para purgar culpas”, parecen decir sus detractores.
Este año, el Wall Street Journal publicó que el departamento de Justicia de los Estados Unidos había iniciado una investigación para determinar si los fondos de cobertura habían actuado en conjunto para apostar contra el euro y presionar el valor de la moneda. Una investigación que ponía a Soros en el centro de la escena pero de la que nunca más se supo.
Hoy, a tres días del anuncio, aún es difícil imaginarse al mundo financiero sin el fantasma de su presencia asustando a bancos centrales. El hombre que siempre quiso profundizar sus conocimientos en filosofía, pero que finalmente hizo del manejo de los mercados su propia filosofía.
EL CRONISTA