“A De la Rúa no podía descifrarlo”

Posted on 19 septiembre, 2012

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Por Verónica Wiñazki
Carlos Gómez sale de la Casa Rosa­da vestido con el uniforme de gala, el que usa para eventos importantes. Lo saludan las chicas de la recep­ción y los guardias que custodian la puerta. Lo conocen todos. Es el ma­yordomo presidencial desde hace 41 años, y valet en los viajes. Conoce a los poderosos en la intimidad: desde el general Alejandro Lanusse en 1971 hasta Cristina Fernández, les sirvió el café a 18 presidentes.
Carlos Gómez: La señora Cristina come poco y nada en Casa de Gobier­no. Cuando llega le sirvo un café en jarrito, mitad y mitad. Muchas ve­ces viene a la tarde, le dejamos agua mineral, una fuente de frutas y una jarra con yogur bebible.
Noticias: ¿Cómo fue la primera vez que atendió a Lanusse?
Gómez: Siendo militar, era muy recto. Serio, quería todas las cosas muy rápido. Me daba temor, en el almuerzo me temblaban las manos. Tenía cálculos en los linones y su­fría dolores tremendos. El médico personal hacía preparar una bañera y entre cuatro lo metíamos desnudo en agua tibia, tras ponerle un medi­camento calmante.
Noticias: Cuando Perón volvió y asumió la presidencia en 1973 ya estaba enfermo. ¿Hacía pedidos es­peciales?
Gómez: Se cuidaba mucho en las comidas, tomaba un café descafeinado que le traían especialmente desde Cuba y tenía muy buen trato. Te encontraba en el pasillo y te pregun­taba: “¿Qué necesita compañero?”, y a los 15 días teníamos lo pedido. Lo atendí en la Quinta de Olivos los últimos tres meses.
Noticias: ¿Cómo fue el día que los militares llegaron a la Rosada?
Gómez: Cuando asumió Videla, no me dejaron entrar. Volví al otro día, les expliqué que era mozo de presidencia y ahí mismo empecé a atenderlo. Era como todos los mi­litares. Al principio uno está medio cohibido, después se fue normali­zando la cosa.
Noticias: ¿El día que volvió la de­mocracia usted estaba trabajando?
Gómez: Sí, fue muy emotivo, yo le acomodé a Alfonsín la ropa en el placard, aunque no soy radical. A mí me gustó siempre Perón, pero si soy de River y tengo que atender a uno de Boca lo atiendo mejor a este, para que no se vaya mal. Y así pasó con Alfonsín. Él me cargaba con el tango: “Dónde hay un mango, viejo Gómez”. Apenas asumió Menem, entré al des­pacho y estaba Alfonsín. Cuando me vio, se levantó y me abrazó. “El doc­tor, aparte de ser buena persona y de que lo va a atender de primera, es peronista”, le dijo a Menem, que se mataba de risa. Menem era un tipo muy amable, venía a nuestro lugar de trabajo y comía con nosotros de parado. Lo que yo siempre le admiré es que se ponía a hablar con el se­cretario privado o con un ministro, y no tenía problema de que lo escu­cháramos.
Noticias: Además de mayordomo, es profesor de golf. ¿Algún presidente le pidió consejos deportivos?
Gómez: Un día Menem me llamó al despacho, se había enterado de que yo jugaba al golf y me propuso jugar con él en Olivos, contra el jefe de la custodia y un embajador. Ga­namos por un golpe. Desde ese día me adoraba, mi mayor satisfacción fue jugar con él en una cancha noc­turna en Johannesburgo. Menem jugaba para divertirse, siempre con algún empresario, hacía negocios jugando al golf.
Noticias: ¿Cómo fue con la llegada de De La Rúa al poder?
Gómez: Ahí llegaron los problemas. Era terrible, no le gustaba ver a más de dos mozos juntos, se ponía mal. Después había cositas que no sé si las hacía a propósito… La secretaria privada me pedía que prepare un al­muerzo para diez personas y después venían tres. Él me decía: “Mozo, yo no voy a comer el menú”, y me pedía gelatina con yogur y un vaso de vino tinto. Era muy indeciso, yo no podía descifrarlo; hacía cosas que no podías entender: primero te pedía algo y a los dos minutos te discutía que había pedido otra cosa. Los hijos le mane­jaban todo el engranaje. Lo que sí, jugaba bastante bien al golf. Al otro día de haber sido destituido, volvió y se sentó en su despacho. El secre­tario privado nos llamó a todos los mozos, fuimos y De la Rúa nos firmó una foto suya para que guardemos de recuerdo. Yo me quería morir.
Noticias: ¿Cómo era Néstor Kirchner?
Gómez: Bastante especial. Cuan­do entraba al despacho casi ni me saludaba, después terminó siendo más amable. Como era de Racing, el señor Parrilli de Boca y yo de River, charlábamos de fútbol, y con eso se ablandó un poquito. Néstor fue el úni­co presidente que no tomaba el agua del vaso. Pedía una botella cerrada, la abría y la tomaba del pico.
Noticias: ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
Gómez: Yo vivo para trabajar. Loque más me gusta es atender a la gente, y me encanta que estén con­formes conmigo.
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