Tucumán, una batalla que se ganó a puro coraje y cambió la Historia

Posted on 24 septiembre, 2012

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Por Diego Geddes
Dicen que cuando Manuel Belgrano volvió al Campo de las Cuadreras –una llanura despejada que se usaba para correr carreras de caballos y en donde se había desarrollado la mayor parte de la batalla–, encontró una sorprendente quietud, casi sin rastros de lo que había sido el combate. Belgrano había tenido que galopar hacia el ala izquierda de su ejército para resistir una embestida de los realistas, y a su vuelta, sólo encontró quietud. Sus hombres, un ejército gaucho armado con coraje y bravura, habían frenado el avance de los 3 mil realistas y tenían a más de 600 prisioneros. Mañana se cumplen 200 años de ese glorioso momento de quietud, y por eso será feriado en todo el país por única vez.
“La Batalla fue fundamental para detener un avance que era imparable. Si los realistas llegaban a Córdoba podrían haberse conectado con los realistas que estaban en Montevideo. Con esta batalla y con la de Salta, en 1813, se consolidó la frontera norte de lo que era por entonces la Nación”, dijo Carlos Páez de la Torre, historiador tucumano que escribió “Porteños, provincianos y extranjeros en la Batalla de Tucumán”.
“Salvó la revolución que estaba en curso –coincide el historiador Pablo Camogli–. En términos políticos fue muy importante porque permitió retomar la senda revolucionaria que se había iniciado en mayo de 1810. Y en términos militares fue importante por su peso simbólico, para demostrar que la revolución también podía enfrentar militarmente a los realistas, y derrotarlos”, señala Camogli, autor de “Batallas por la Libertad”.
El ejército realista, más organizado y equipado que el patriótico, venía avanzando desde el norte, empujando a los patriotas que habían recibido la orden de los miembros del primer Triunvirato de replegarse en Córdoba. Pero Belgrano desoyó ese pedido. Reclutó hombres de las milicias gauchas de Tucumán, Salta y de otros poblados de la zona, tuvo apoyo del gobernador y esperó en Tucumán.
“La batalla se desarrolla al oeste de la plaza Belgrano. El combate llegó hasta las localizaciones agropecuarias, la zona que hoy se conoce como Quinta Agronómica. La línea de Belgrano abarcaba unas seis cuadras, desde la plaza Belgrano hacia el sur”, cuenta a Clarín Páez de la Torre. “Fue Belgrano en persona quien ordenó los movimientos. En un momento, la fuerza patriota comienza a imponerse en sus alas derecha y centro. Y el ala izquierda se ve en un desbande. Entonces Belgrano galopa hacia la izquierda y cuando vuelve al centro ya había terminado la acción”. Para la victoria, fue decisiva la acción de la caballería gaucha, y también la acción de Estoquio Díaz Vélez, los porteños Ignacio Warnes y el Barón de Holmberg y Manuel Dorrego, al frente de un ejército que se había conformado a último momento. Vicente Fidel López caracterizó a esta batalla como “la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino”.
Sobre Belgrano, dice Miguel Angel de Marco, presidente de la Academia Nacional de la Historia: “En los difíciles momentos previos a la batalla y durante ese victorioso hecho de armas, Belgrano puso en evidencia su entereza cívica y su valor militar. Frente a la orden del Triunvirato de retirarse con sus tropas hacia Córdoba ante al avance realista sobre Tucumán, desobedeció sin vacilar: ‘El único medio que me queda es hacer el último esfuerzo, presentando batalla fuera del pueblo, y en caso desgraciado encerrarme en la plaza para concluir con honor’. Era un soldado de la libertad y para garantizarla no se detuvo en sacrificios personales. Como tomó las armas para improvisarse como jefe del ejército expedicionario del Paraguay por decisión de la Junta de Mayo, contando sólo con su escasa experiencia durante las invasiones inglesas, pudo organizar y dar nervio al Ejército del Norte, para llevarlo al triunfo en Tucumán. De sus condiciones castrenses, a veces soslayadas, dijo años después San Martín a Godoy Cruz: ‘Es el más metódico de los [generales] que conozco en nuestra América; lleno de integridad y talento natural, no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame Ud. que es el mejor que tenemos en América del Sur’”.
CLARIN