Soledad Villamil

Posted on 29 septiembre, 2012

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Por Mariel Diez
Desde que en el 2009 recibió un premio Goya como Mejor Actriz y la película que protago¬nizó, El secreto de sus ojos, ganó un Osear, el público aguarda ansioso por una nueva participación en cine de Soledad Villamil. Pero ella decidió esperar hasta encontrar un proyecto que realmente la movilizara para volver a la gran pantalla. La propuesta vino de la mano de la productora Haddock, la misma de la cinta de Campanella, que le acercó un guión de una ópera prima. A Soledad no sólo la compró el libro, sino que uno de los protagónicos iba a estar interpretado por nada menos que Viggo Mortensen.
Mientras edita su nuevo disco, se toma el tiempo para hablar con Miradas sobre ellos y lo que significó participar de Todos tenemos un pian.
¿Estás editando tu nuevo disco?
Sí, con algunas canciones de otros auto¬res y otras canciones mías. Es un mix de géneros. La presentación es a fines de octubre en La Trastienda.
¿Cómo va tu carrera musical?
La verdad que muy bien, viento en popa. Con muchos conciertos, de gira, viajando bastante y ahora terminando este tercer disco que para mí es muy importante. De alguna manera reafirma este camino que empecé hace un tiempo porque tenía ganas, pero sin tanta expectativa sobre lo que podía ocurrir. La verdad que soy la primera en sorprenderme de todo lo que se ha generado a partir de esto.
Hay videos musicales tuyos que están dirigidos por tu marido, Federico Olivera. ¿Cuán involucrado está él en tu carrera musical?
Nosotros compartimos en general nuestro trabajo o algunas instancias del mismo. Además de compartir cosas en casa -porque grabo y le muestro el material-, colabora en todo el proceso. Me encanta poder trabajar juntos, sobre lodo cuando él hace la puesta en escena. Todo lo que es el diseño de la puesta está a cargo de Federico. En el caso del video, es hasta donde está involucrado formalmente, pero informalmente por supuesto lo está de muchas otras maneras. Como yo lo estoy en muchas cosas que él hace. La verdad es que la cocina de todo lo que hacemos es muy compartida porque vivimos juntos.
Desde El secreto de sus ojos no habías hecho cine ¿Qué te llevó a decirle sí a Todos tenemos un plan?
Este proyecto en principio me lo alcanzó la misma productora de El secreto…, Haddock. Vanessa Ragone me llamó para decirme que Ana Piterbarg me quería proponer un personaje en su película. Siempre lo que a mí me acerca o me aleja de un film es el guión. Tengo que sentir que hay algo de ese guión que me involucra, que siento que puedo aportarle algo, que tiene sentido para mí. La lectura de éste me fascinó, me pareció muy interesante y tiempo después me encontré con Ana. La conocía, pero no trabajando, y de pronto ver esa mirada tan personal que ella tenía sobre esa historia y sobre esos personajes, me encantó. Me subí al barco muy feliz.
¿Qué fue lo que te involucró?
En principio, que plantea una mirada muy singular. La película podría ser, y estaría muy bien, un thriller más convencional y sin embargo se mete con temas muy particulares: la identidad, el cambio de ésta, lo que pasa con estos hermanos… Me pareció súper sugestivo, una película realmente muy personal. De pronto la película toca pilares de cosas que uno nunca cree que lo va a hacer, y se atreve con eso.
¿Y tu personaje?
Me gusta trabajar personajes que tienen cierta complejidad y que pueden contener en sí mismos varias cosas, que no son lineales. Éste me parece que tiene eso, es un personaje que dice cosas, calla otras. Es una mujer que de pronto tenía toda una vida armada y se le cae la estantería completamente. Se queda totalmente desarmada frente a una realidad que no esperaba vivir. Cómo va transitando todo eso me parece súper interesante para trabajar actoralmente.
Es todo un acontecimiento que un actor como Viggo Mortensen se haya atrevido a una ópera prima y a filmar en Argentina. Que él estuviera involucrado, ¿fue determinante para decidir participar?
Por supuesto que sí. Obviamente, cuando uno evalúa un trabajo y hay una propuesta, todo tiene que ver: el guión, la dirección- que son los pilares fundamentales-, pero también el elenco con quien uno va a compartir las escenas y de entrada me pareció súper interesante hacerlo con Viggo.
¿Cómo fue trabajar con él?
No pensé que iba a ser tan genial como fue (risas). Me encontré con un tipo absolutamente increíble. Digo, es una estrella de Hollywood, pero como persona, es completamente especial. Se puso la película completamente al hombro, generó en todos el mejor clima y la mayor confianza. Un tipo con un humor extraordinario. La verdad que también es una película bastante dura. Todos teníamos escenas fuertes y sin embargo se sobrellevaban muy bien por la cuota de humor de él y por lo relajado que se convertía el set por su presencia. Un protagonista en una película es fundamental, es de alguna manera, junto con el director, quien impone el clima de un set, y tanto Ana como Viggo fueron insuperables.
Ojalá te recomiende para una película en Hollywood (risas).
Sí, pero no hace falta tampoco porque con hacer este tipo de películas yo estoy re feliz.
Hablando de Hollywood, tuviste un con¬tacto con este lugar cuando El secreto de sus ojos ganó el Osear. ¿Sentís que a partir de ahí marcas un nuevo estándar?
Ocurren dos cosas: por un lado mi estándar siempre fue, es y será muy alto. Me meto a hacer cosas que realmente me interesan, que tienen algo para decir, ya sean películas, discos, obras de teatro. Y ese estándar y esa exigencia precede a El secreto… y va a continuar siendo así. Haber participado de algo tan extraordinario y pensar que se tiene que repetir sería bastante absurdo. Si me metiera en un proyecto o estuviera esperando el proyecto que sólo se pueda adecuar a eso, sería una tonta. Por otro lado, el estándar para mí sigue siendo lo que mi corazón dicte. Por supuesto, en El secreto desús ojos cuando leí el libro me morí y, además, trabajar con Campanella me pareció alucinante. Pero sigo confiando en esa parte de mí que intuye, que se manda de corazón.
REVISTA MIRADAS