Liderazgo, otra visión

Posted on 1 octubre, 2012

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Por Gustavo Aquino
El 19 de mayo de 1960 Jordi Pujol (Nd.R.: político catalán y varias veces presidente de la Generalitat de Catalunya, entre 1980 y 2003), fue condenado a siete años de cárcel por cantar en el Palau de la Música (Barcelona) los versos nacionalistas de La Senyera ante los indignados ministros de Francisco Franco. 20 años y cinco días después, muerto el Caudillo y renacida la democracia española, asume la Presidencia de la Generalidad Catalana.
Como uno de los arquitectos de la España post franquista, dirige hoy la cátedra de Liderazgo y Gobernanza de ESADE. Decir liderazgo responsable en las aulas de sus campus de Barcelona, Madrid o Buenos Aires, es redundar, ya que el liderazgo, como lo demuestra la vida de Pujol, es responsable o no es.
Dimensión social
Construir una Cataluña democrática y sólida; hacer pie en el mercado brasileño; ser el primer productor mundial de granos; acabar con la desnutrición infantil en Santiago del Estero; entre otros. Escrita o no, toda organización tiene una misión y el líder cumple una función al respecto. Martin Luther King encarnó la igualdad de derechos para los afro-americanos. Artigas la libertad de los uruguayos. La misión la generan las personas, los líderes son sus catalizadores.
Para graficar conclusiones sobre el liderazgo, el profesor Ángel Castiñeira, integrante de la cátedra Pujol, suele utilizar el dibujo de un triángulo: en el vértice superior, ubica a La Misión, abajo, a la izquierda, El Líder y, a la derecha, El Grupo. Sus conclusiones se centran en que: un proceso incluye a la vez que trasciende al líder; nadie lidera si no es reconocido y el grupo no es un recurso del líder, sino que a la inversa, éste cumple un servicio, el de alinear y organizar a la gente para el logro de su misión.
En tanto proceso que articula a un grupo con su misión, el liderazgo es un proceso social. Una gran diferencia con las versiones individualistas norteamericanas que centran el fenómeno en características innatas o aprendidas de ciertas personas. Como construcción social, el liderazgo no sólo debe evaluarse desde el plano instrumental por su eficacia, sino también, y principalmente por sus dimensiones social y ética.
Dimensión ética
Muchos se extrañan y algunos se asustan cuando se exhibe en el aula de un M.B.A. la foto de Adolfo Hitler. El profesor Castiñeira destaca que fue un líder tan eficaz que llevó a un pequeño partido bávaro a imponerse sobre media Europa. Pero acota que el nazismo no fue ética ni socialmente beneficioso para su país, no lo fue para los nueve millones y medio de alemanes muertos en la guerra y sus casi 20 millones de viudas y huérfanos. Por eso, insiste el profesor, el liderazgo es un proceso centrado en valores y socialmente responsable.
Hace apenas unos días, el New York Times publicó la interesante carta en la que Greg Smith cuenta porqué deja su cargo de Director Ejecutivo de Goldman Sachs (http://www.nytimes.com/2012/03/14/opinion/why-i-am-leaving-goldman-sachs.html). Dice uno de sus párrafos:
La empresa (Goldman Sachs) cambió su modo de pensar acerca del liderazgo que tenía que ver con las ideas, el ejemplo y hacer lo correcto. Hoy, basta con hacer dinero para la empresa para ser promovido a puestos influyentes.
Después de una brillante carrera, Smith renuncia por los cambios conceptuales que vive la empresa acerca de qué es liderar. Lo hace por los cambios que implica, en la cultura y la sustentabilidad de la organización, la ponderación de criterios meramente utilitarios; por encerrar la rica tradición del management en la estrechez de la frase de Jerry Maguire: show me the Money.
EL CRONISTA