“La novia es como una orquídea”

Posted on 6 octubre, 2012

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Por Delia Piña
Le gustan las piezas antiguas, trabajadas, “con la nobleza de lo atemporal”, bien hechas y con historia. Su profesión de anticuaria la lleva a ser una coleccionista empedernida, pero su actual oficio de diseñadora hace que termine por seleccionar y opta por un color pleno y un corte cuidado. Carolina Müller hace suya la frase menos es más, e insiste, porque cree que se opina que lo suyo es barroco. En un pequeño living de su local en la Promenade, se rodea de objetos simples que la definen y, entre varios, se destaca una flor.

-¿Orquídeas en esta época? Qué bueno.
-Sí, tengo locura especial por esta flor. En mi casa cultivo un orquideario, que mantengo como puedo porque nuestro clima no ayuda. Es simple, sofisticada.

-Como tu estética.
-La orquídea bien puede aludir a mi trabajo, porque es una vara con una flor cuyo crecimiento indica para dónde va, cómo cae, y siempre le encontrás la vuelta para ubicarla y que quede linda. Lo mismo hago con un vestido, en especial para una novia, según cómo es, cuál es su aspecto, su figura, sus gustos e intereses determino el corte y color que le sienta mejor. Dentro de una línea simple pero contundente, con un toque actual dentro de un estilo clásico.

-Tu ropa de fiesta es años 70, ¿las novias?
-Es mi época fetiche que también remite a fines de los 60. Se nota en los cortes, sobre todo, pero prefiero los colores uniformes a las estampas pop de entonces. Cuido el corte para que la caída resulte impecable y, obviamente, es fundamental para una novia. Trabajo para ellas por pedido y me buscan por ese detalle de contemporaneidad.

-Se destacan las mangas.
-Lo mío es la caída y el toque justo, que sí, suele estar en las mangas, porque es una parte de la prenda que me encanta. No es algo más, es una particularidad con que se me identifica: las mangas raras.

-¿Qué debe tener un buen vestido de novia?
-No ser uno más. Tener un aura diferente en un color que implique ser novia, y en telas como micado, gasa de seda natural, crêpe, satén de seda.

-¿Sólo blanco?
-El color claro es básico. Blanco, bois de rose , marfil o crudo, que dan ese aspecto níveo que define.

-¿Inolvidables?
-Una clienta de Lyon me pidió una musculosa blanca llevada a vestido y le hice uno escotado en raso douches con hombreritas y, en el ruedo interno, tiras con cristales. Otro con mangas abuchonadas con paillettes de escamas. Siempre hay un detalle, una gracia.

-¿Una novia de día en el campo y otra de noche en la ciudad?
-De día la imagino etérea, con capas y capas de muselina hasta perder la transparencia, sin forro, en un strapless con pollera plato, con un brillo que se insinúa en la tercera capa. Y de noche, un vestido de cintura alta, falda media campana, escote pronunciado y mangas con flores bordadas con cristales.

-¿Alguna vez un corto?
-Puede ser, corto adelante y largo atrás, o una sobrefalda larga para la ceremonia que se saca y descubre una corta para la fiesta. Los cortos van bien con un gran tocado de tul o una tiara con piedritas que remite a algo más clásico de novia.

-¿El accesorio es importante?
-Prefiero pocos, bien evaluados; puede embellecer o arruinar un vestido; no tienen que ser invasivos y, si resalta, debe ser único. Sugiero ramos con personalidad: una orquídea con una cinta blanca o un ramo de fresias con una verde. Un toque, ese que define. Lo importante es que la novia tenga personalidad y la deje ver en los pequeños detalles.
LA NACION