Una oración de Santa Teresa

Posted on 7 octubre, 2012

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Clotilde Gianello de Suárez
Santa Teresa es considerada como una de las grandes escritoras místicas y fue declarada por Pablo VI “Patrona de los escritores españoles y Doctora de la Iglesia Universal”. En momentos difíciles de mi vida recurrí a una de las oraciones teresianas y es mi deseo que acompañe también a quienes la lean por la sencillez, profundidad y fuerza que posee la “letrilla”.
Benedicto XVI, decía en Carta sobre algunos aspectos de la Meditación Cristiana (octubre de 1989) que para considerar en qué consiste la naturaleza íntima de la oración cristiana (à) se debe formular, en primer lugar, una premisa imprescindible: la oración cristiana está siempre determinada por la estructura de la fe cristiana, y (à) por eso se configura, propiamente hablando, como un diálogo personal, íntimo y profundo, entre el hombre y Dios.
En la famosa “letrilla” de Santa Teresa “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia todo lo alcanza. / Quien a Dios tiene / nada le falta: ¡Sólo Dios basta!”, ciertamente se establece este diálogo personal, íntimo y profundo entre Dios y la criatura humana cuando ésta eleva el corazón y la mirada hacia el cielo en momentos de prueba y también de alegría. Ángel Custodio Vega o.s.a., eminente estudioso de la obra de la santa, comenta que Santa Teresa conservaba una copia de la letrilla en su libro de oraciones para recitarla frecuentemente, ya que es una oración en forma de avisos o de sentencias para pedir a Dios paciencia, resignación y conformidad con su voluntad.
No obstante todas las dificultades, inconvenientes y contrariedades de orden corporal o de naturaleza espiritual que padeció la santa y que a veces la hacían dudar y vacilar, ella solía tranquilizar a las almas que sufrían el dolor, la enfermedad o cualquiera calamidad de los que está llena esta vida terrena haciéndoles comprender que nada de lo que les sucediera debía turbarlos ni espantarlos. En la actualidad podemos repetir continuamente las dos primeras líneas: nada te turbe, nada te espante ya que pareciera que nuestra capacidad de asombro nunca se colma ante los acontecimientos diarios de los que somos testigos.
Sabemos lo pronto que todo se pasa ante los ojos de los hombres y la rapidez con que acontece, pero Dios no se muda ya que ante sus ojos no “pasa” absolutamente nada, todo permanece en su inmutable eternidad. San Agustín manifiesta con precisión al respecto: Lo pasado ya no existe; lo futuro aún no existe; por tanto, lo pasado y lo futuro es inexistente. Pero para Dios no hay nada inexistente: ni lo pasado ni lo futuro, sino que está presente en su acatamiento.
El fundamento de que la Paciencia -virtud, derivada de la fortaleza, que inclina a soportar sin tristeza de espíritu ni abatimiento de corazón los padecimientos físicos y morales- todo lo alcanza se apoya en la promesa de Dios de concedernos todo cuanto le pidamos con insistente perseverancia siempre que convengan al bien de nuestras almas.
Cuando la santa manifiesta Quien a Dios tiene nada le falta, Sólo Dios basta está expresando con distintas palabras el pensamiento de San Agustín: Sólo Dios, como fin último del hombre, puede satisfacer la sed que tiene el corazón cuando se da cuenta de que nada fuera de Dios es capaz de llenar ese vacío.
EL LITORAL

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