Con hipertensión, el deterioro cognitivo empieza antes de los 50

Posted on 10 octubre, 2012

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Por Fabiola Czubaj
Ni el peso, el colesterol o la edad tienen tanto impacto como la hipertensión en el deterioro de funciones cognitivas claves en plena etapa productiva de la vida.
En un relevamiento epidemiológico realizado en el corazón de la provincia de Córdoba, un equipo local determinó con una batería de tests que hasta el 45,6% de los hipertensos con una edad promedio de 50 ya tenía algún signo sospechoso de deterioro cognitivo o demencia. Los principales problemas detectados fueron de memoria o las fallas en las funciones ejecutivas, que son las que nos permiten organizar las tareas del día, saber cómo llegar a un lugar, mantener una conversación o utilizar el dinero, entre tantas otras.
“Tener hipertensión y alguna alteración de esas funciones quintuplica el riesgo de desarrollar una demencia en el futuro. Salvo en los mayores de 70, en los que la edad influyó claramente en el deterioro cognitivo, la hipertensión fue el único factor de riesgo de los cuatro estudiados [ver infografía] que en los más jóvenes estuvo asociado con un compromiso cognitivo. Esto quiere decir que el deterioro comienza tempranamente. De hecho, la literatura médica habla de los 25 años”, indicó a LA NACION el doctor Augusto Vicario, autor principal del trabajo premiado en el XIX Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, organizado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
La ciudad cordobesa de Villa María atrajo la atención del equipo de la Fundación Certus porque allí funciona un programa de prevención cardiovascular (Corazón Sano) para los 80.000 habitantes de sus 34 barrios.
El equipo de Vicario, formado también por los doctores Gustavo Cerezo, Mildren Del Sueldo y Judith Zilberman, convocó a la población por la radio local, megáfono y panfletos a acercarse a los centros de atención primaria para hacerse un control cardiovascular y cognitivo. Finalmente participaron 1365 voluntarios, de entre 18 y 88 años (un promedio de 50), sin enfermedades psiquiátricas, demencias o depresión ni infartos cerebrales previos.
Además de los análisis de laboratorio y el control clínico, a todos se les aplicó el Mínimo Examen Cognitivo o MEC, que incluye una prueba general de evaluación rápida conocida como Miniprueba del Estado Mental (o Minimental) y otras dos más específicas: una para evaluar la memoria semántica (Test de Boston) y otra para conocer cómo los lóbulos frontales del cerebro ejecutan las funciones ejecutivas (Test del Reloj).
Mientras que el Minimental reveló que un 14,5% tenía signos de deterioro cognitivo, las otras dos pruebas más especializadas llevaron esa cifra a un 34,6% con fallas ejecutivas y a un 45,8% con problemas de memoria. A diferencia de los mayores de 70, en los que la edad explicaba el déficit cognitivo, en los más jóvenes fue la hipertensión la causa asociada. Los participantes con resultados alterados fueron derivados al neuropsicólogo para una evaluación más profunda.

Basta con que sea leve
Los pocos especialistas que durante el congreso expusieron a sala llena sobre la relación entre la presión alta y el deterioro cognitivo coincidieron en que basta con que la hipertensión sea leve o moderada como para inducir modificaciones silenciosas en el tiempo en las estructuras vasculares y las funciones cerebrales que pueden terminar en un accidente cerebrovascular y la demencia.
Las guías de la SAHA definen la hipertensión leve (grado 1) cuando la presión sistólica (máxima) es de 140-159 mmHg y/o la presión diastólica (mínima) es de 90-99 mmHg. Para la hipertensión moderada, los valores son 160 y 100 mmHg, respectivamente.
“La hipertensión daña la estructura de los vasos cerebrales en la sustancia blanca, ubicada por debajo de la corteza cerebral -explicó Vicario-. Esta sustancia es un conglomerado de fibras nerviosas que unen diversas estructuras del cerebro. El flujo de sangre alterado y la disminución en la oxigenación lesiona la mielina que recubre las fibras nerviosas, lo que interrumpe los circuitos y desconecta los lóbulos frontales. Así, se afectan las funciones ejecutivas, que dependen de la integridad de estos circuitos, y eso compromete los procesos mentales complejos como la resolución de problemas y la toma de decisiones.”
Por su parte, el doctor Antonio Coca, jefe de la Unidad de Hipertensión y Riesgo Vascular del Hospital de la Universidad de Barcelona, España, advirtió que los hipertensos “puros” (sin otras enfermedades) con más lesiones silentes en la sustancia blanca son aquellos en los que el tratamiento no logra controlar la presión. “En un estudio sobre más de mil hipertensos de entre 60 y 90 años, sin demencia, se detectó a los cinco años en una segunda resonancia que la incidencia de la demencia de origen vascular era de 8 de cada 1000 pacientes”, comentó Coca, reconocido por sus investigaciones. En otro estudio, los participantes que desarrollaron demencia fueron los que 15 años antes habían tenido la presión sistólica (máxima) y diastólica (mínima) altas.
“También detectamos en un estudio sobre pacientes de entre 50 y 60 años con hipertensión leve a moderada, sin otras enfermedades ni tratamiento antihipertensivo previo, que el 40% tenía lesiones silentes en la sustancia blanca del cerebro”, agregó Coca.
Se estima que si se retrasa cinco años el avance del deterioro cognitivo, en una década habría 4 millones menos de personas con demencia.
“El cardiólogo o el médico clínico pueden decir que es normal perder la memoria… Pero hay que decirlo después de estudiarlo”, insistió Vicario. Y sabe de lo que habla.
En una encuesta vía Internet a cardiólogos y médicos clínicos, el 100% respondió correctamente que el deterioro cognitivo está asociado con la hipertensión, pero sólo tres de cada diez lo evaluaba en la consulta. Al preguntarles si en los pacientes mayores con ese tipo de problemas habría que tratar agresivamente la presión alta, el 100% dijo que sí, aunque sólo dos de cada diez lo hacía.
LA NACION

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