La obsesión porteña de comer y beber al sol

Posted on 14 octubre, 2012

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Por Soledad Vallejos
Suma puntos, y muchos, y ahora que comenzó la primavera puede llegar a ser un plus determinante. La lista de restaurantes donde se puede comer al aire libre en la ciudad es extensa, pero los que hacen de sus jardines, patios y terrazas un lugar fuera de lo común, acogedor al mismo tiempo y donde, por si fuera poco, también se come bien, ya no son tantos. Tampoco se restringen a diez, pero los elegidos en esta nota conforman una selecta nómina que es bueno tener a mano.

Oasis, en el Palacio Duhau
La apreciación de quienes lo han visitado suele coincidir: “No hay otro lugar así en la ciudad”, dicen. El Palacio Duhau Park-Hyatt esconde un jardín que se extiende sobre una histórica barranca con árboles centenarios, nenúfares en verano, bosque de ginkgos en otoño y rosas en primavera. Se puede comer al sol o bajo la sombra, y en tardes de primavera lo ideal es tomar algo en la terraza del Oak Bar. “Lo sentimos como un oasis ubrano. El jardín es una experiencia única ya sea durante el brunch, el almuerzo, en el aperitivo o una cena bajo las estrellas”, recomienda el gerente general del hotel, Antonio Álvarez Campillo. Alvear 1661, Recoleta/ T. 5171-1340.

Una campiña toscana
Abrió hace cuatro meses y ya tiene lista de espera en sus reservas. El nuevo restaurante Olivetti recibe el cambio de estación con la inauguración de su encantadora terraza, que rememora una escena de la campiña en La Toscana. Cargada de flores, el nuevo espacio de la trattoria hace homenaje a la cocina italiana, donde, según asegura su chef, Lucas Lepri, “hasta las pastas secas las hacemos acá”. En el espacio exterior, y para abastecer mejor a sus comensales, también se instaló una cocina a la vista. Cerviño 3800, esquina República Árabe Siria/ T. 4802-7321.

La vecindad de el Chavo
Un restaurante palermitano para pasarla bien, ir con amigos y conocer gente. La Fábrica del Taco tiene un patio trasero al mejor estilo de una vecindad de México, con guirnaldas coloridas y una ambientación floral “que se renueva todos los viernes”, dice su encargado. Excelentes tacos y michelada bien fresca (cerveza, sal, limón, salsa tabasco y un poco de jugo de tomate) para saborear en el patio sentado en “la comunera”, una mesa bien larga ubicada al aire libre que, por cierto, es una de las más solicitadas. Gorriti 5062, Palermo Soho T/ 4833-3534.

A la luz de la luna
Céline Demarq llegó de visita a Buenos Aires y se enamoró de la ciudad. Hace dos años, donde funcionaba El Repecho, en San Telmo, abrió L’ Atelier de Céline. “La casa tiene más de 200 años y la reciclamos por completo”, cuenta su dueña, que confiesa su rincón favorito: la íntima terraza, con espacio sólo para 25 cubiertos. Ideal para una noche de primavera en pareja, a la luz de las velas, y de la luna. Comida hogareña, según su dueña, con el clásico estilo francés. Carlos Calvo 242, San Telmo/ T. 4361-1269.

Identidad escandinava
No hace falta mucha presentación para hablar de Olsen. Al mando de Germán Martitegui, este restaurante de tradición nórdica, además de variedades de vodka de todo el mundo, tiene un jardín sin igual en la zona, que recibe al comensal apenas se traspasa la puerta de entrada. Con mesas altas, bajas, decks de madera, sillones y una llamativa fuente de pared. En el invierno, el comensal recibe mantas. Pero no hay dudas, acaba de comenzar su mejor época. Gorriti 5870, Palermo Hollywood / T. 4776-7677.

Histórico y pet friendly
Su dueña, Claudia Aboaf, plantó el palo borracho del que todos hablan, ese mismo que da sombra en verano a una buena parte de los comensales. El restaurante del Museo Evita está repleto cada mediodía. En esta época, además, se instala en su enorme patio, con piso damero y paredes centenarias, la coqueta crepería: wrpas y crepes están a la orden del día en primavera. Juan María Gutiérrez 3926, Botánico / T. 4800-1599.

Cocina cuyana en Boedo
Sí, al fin un lugar fuera del circuito palermitano. En Pan y Teatro, en Boedo, la familia Marín está a cargo de la cocina de exquisiteces de origen mendocino. No tiene jardín, pero sí una generosa ochava con una enorme bignonia que Germinal Marín trajo en avión desde Mendoza. “Traje el pequeño arbusto en una latita de aceite y cuando lo puse en tierra se desesperó por crecer”, cuenta su dueño. Ahora, el verde y sus ramas abrazan toda la esquina. También está “el gallinero”, un espacio al aire libre, pero delimitado con el mismo enrejado de las granjas, de ahí su nombre. Las Casas 4095, Boedo / T. 4922-0055.

A la sombra de un olivo
Al lado del actual Museo de Arte Decorativo, el restaurante Croque Madame puede parecer pequeño. Pero la impresión cambia cuando se descubre que la familia Errázuriz, dueña de aquella increíble mansión que hoy es el museo, había destinado ese pequeño edificio a la casa de su chofer. Más allá de la historia, allí se puede degustar el típico sándwich parisino con jamón cocido, queso gruyére, pan dorado en manteca con huevo poche a la plancha. Si se encuentra mesa disponible en el patio, a la sombra de un olivo centenario, mucho mejor. Av. Libertador 1902, Palermo Chico / T. 4806-8639.

Ceviche con amigos
La moda del restaurante dentro del hotel palermitano ya tiene varias experiencias positivas, pero pocas con el valor agregado de Sipán Cevichería, en el hotel The Palermitano, que ofrece la opción de saborear comida peruana de alta gama en su encantador patio que, además, es climatizado. Creado con el concepto de open kitchen , desde todos los ambientes los comensales tienen la posibilidad de ver a los cocineros en plena acción culinaria. Uriarte 1648, Palermo Soho / T. 4833-9383.

Verde y mucha onda
Tiene jardín y terraza. Un bar, un restaurante y un espacio para ciclos de cine. Ideal con amigos o en pareja, Milion es un rincón verde escondido entre tanto edificio de oficinas y viviendas. El brunch de los sábados en el jardín, imperdible. Paraná 1048, Barrio Norte / T. 4815-9925.
LA NACION