La era de las ciudades

Posted on 16 octubre, 2012

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Por Alejandra Folgarait
La imagen de un ejército de hormigas avanzando sobre una plantación hizo famosa a la película de terror Marabunta a mediados de los cincuenta. Pero la humanidad es mucho peor que cualquier masa de hormigas guerreras a la hora de expandirse por el planeta. Según un nuevo estudio, el desarrollo urbano crecerá más de un millón de kilómetros cuadrados en las próximas dos décadas, triplicando la superficie que tenían las ciudades a comienzos del milenio. Los seres humanos arrasarán así con el 3% de los sitios claves de biodiversidad en África, Asia y América, destruyendo los hábitats de especies únicas de animales y plantas.
El año pasado la humanidad alcanzó el récord de 7000 millones de personas en el planeta. Mucho se habló entonces de los problemas para alimentar a la población mundial, pero poco se dijo de la tendencia creciente a la urbanización del Homo sapiens. En 2008, por primera vez en la historia, la mayor parte de la humanidad habitaba en urbes. En 2030, 5000 millones de personas vivirán en ciudades. De acuerdo con un estudio científico publicado la semana pasada en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), hoy existe una pequeña ventana de oportunidad antes de que la urbanización destruya hábitats fundamentales para la fauna y flora planetaria.
“Si bien el aumento de la población urbana es un fenómeno global, nuestros resultados muestran que la mayor carga de la expansión urbana y el cambio en la cobertura de la tierra estará concentrada en unas pocas regiones”, señalaron los autores del estudio, que modeló escenarios futuros de urbanización en base a datos históricos y pronósticos climáticos.
En las últimas tres décadas, 60 mil kilómetros cuadrados de tierras agrícolas se transformaron en urbanas. A futuro, descubrieron los geógrafos norteamericanos, lo más probable es que la urbanización se produzca alrededor de las ciudades ya existentes y en torno de zonas industriales.
“Más de 5,87 millones de kilómetros cuadrados de tierra podrían convertirse en áreas urbanas para 2030. Un 20 % de ellas tienen una alta probabilidad de serlo”, escribieron los científicos liderados por Karen Seto, profesora de Estudios Ambientales de la Universidad de Yale.
Un área equivalente a 20 mil canchas de fútbol es urbanizada cada año en el mundo, según los investigadores. “La urbanización es a menudo considerada un asunto local, pero nuestro análisis muestra que la expansión futura tendrá un impacto significativo en la biodiversidad global y en los sumideros de carbono”, afirmó Seto, quien se especializa en el estudio del cambio del uso de la tierra desde la agricultura hasta la urbanización.
La mitad de la expansión urbana hasta el año 2030 se dará en China e India, especialmente en zonas costeras sometidas al riesgo de inundaciones, huracanes y otros desastres naturales. Seto pronostica que se creará un corredor urbano costero de 1700 kilómetros en el este de China, donde se invertirán unos 100 mil millones de dólares en infraestructura en las próximas dos décadas.
“El mundo experimentará una era de expansión urbana y construcción de edificios sin precedentes en las próximas décadas. Los desafíos ambientales y sociales asociados a esta expansión serán enormes, pero también lo serán las oportunidades de tomar en cuenta los impactos que provocará la nueva infraestructura que se construya”, señaló Seto, quien además investigó el impacto de la urbanización en la expansión del dengue en Puerto Rico.
La expansión en India se concentrará alrededor de siete ciudades, pero el crecimiento urbano más rápido se verá en África, que tendrá en 2030 un 590% más de cobertura urbana que en el año 2000. Los cinco lugares donde explotará la urbanización africana son las orillas del Nilo (Egipto), el golfo de Guinea, la costa norte del Lago Victoria (Kenia, Uganda, Ruanda), la región de Addis Adeba (Etiopía) y la de Kano (norte de Nigeria).
En América del Norte, donde ya el 76% de la población vive en ciudades, se duplicarán los metros cuadrados urbanos en 2030. En América Latina, el panorama puede ser aún peor, ya que hoy el 80% de los habitantes vive en ciudades.
“Cinco de las 34 áreas calientes de biodiversidad del mundo están en Sudamérica (la floresta atlántica, el bosque chileno, Cerrito, los Andes tropicales y el área Tumbes-Chocó-Magdalena). Y las cinco enfrentan una expansión urbana significativa, que alcanzará los 85 mil kilómetros cuadrados en 2030. Para entonces, se duplicará la tierra urbana que tenían estas áreas en el año 2000”, explica el geógrafo Burak Güneralp, profesor de la Universidad de Texas A&M y uno de los autores del estudio.
La urbanización mundial afectará más rápidamente a las ciudades que crecen con mayor desorden y con menores servicios básicos de agua y cloacas. “El crecimiento se va a dar realmente en las ciudades medianas, y ahí es donde el planeamiento ha estado fallando”, se preocupó Lucy Hutyra, geógrafa de la Universidad de Boston.
Es cierto que las ciudades ofrecen muchas veces una mejor calidad de vida que las desconectadas áreas rurales. En las metrópolis hay un acceso más fácil a la salud, la educación y el trabajo. Pero a la hora de expandirse sobre áreas agrícolas, la ciudad destruye el hábitat de millones de especies, sobre todo en las regiones tropicales.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la expansión urbana pondrá en peligro o destruirá lugares donde habitan 139 especies de anfibios, 41 de mamíferos y 25 de aves. La mayor cantidad de especies en riesgo por la urbanización estará en América, donde 134 especies podrían desaparecer por la presión del cemento y los humanos.
Además, los investigadores norteamericanos estimaron que la limpieza de la vegetación de áreas rurales liberará 5000 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que tendrá un impacto significativo en el cambio climático.

¿Ciudades sustentables?
Quizás la urbanización sea una tendencia irreversible para los humanos. Aun así, muchos especialistas sostienen que es posible construir ciudades que tengan un menor impacto negativo en el medio ambiente, que hagan un uso eficiente de los recursos (en especial el agua y la electricidad), que mantengan respirable el aire, y verdes los espacios públicos.
Karen Seto afirma que el 65% de la urbanización pronosticada aún no comenzó: ahí hay una oportunidad de mitigar los efectos indeseables del crecimiento poblacional. “Lo único claro es que no podemos construir ciudades de la misma manera como lo hicimos el último par de siglos”, afirma la geógrafa de Yale.
Diseñar ciudades sustentables es tarea de urbanistas, pero convertirlas en vivibles es cosa de todos. Los movimientos a favor de ciudades verdes o inteligentes (smart cities) aumentan en el mundo y dan algunos frutos. Curitiba (Brasil), Southampton (Inglaterra), Copenhague (Holanda), Singapur (en la península malaya) y Melbourne (Australia) son ejemplos de sustentabilidad urbana en temas de transporte, energía o conectividad. Pero no todas consiguen superar las desigualdades de sus habitantes.
Buenos Aires, con sus carriles para bicicletas, sus intentos de ordenamiento de la basura y su ampliación de la red wi-fi, aspira a ser sustentable. Sin embargo, el crecimiento de los asentamientos pobres, los barrios cerrados y las torres no la hacen una ciudad inteligente ni inclusiva.
“Buenos Aires trata de ser una ciudad verde, pero en verdad es 19 ciudades en una y con serios problemas, como la basura y la especulación inmobiliaria”, apunta Carlos Reboratti, investigador del Conicet en el Instituto de Geografía de la UBA.
Hay quienes creen que las ciudades no pueden, por definición, ser sustentables. “Las ciudades dependen siempre de un área rural que las abastezca; ninguna ciudad produce todo lo que necesita y, además, necesita otros espacios para transformar sus residuos”, reflexiona el arquitecto Oscar Silberman. “Por otra parte, lo que manda no es la planificación estatal sino el mercado; mientras ello ocurra, el suelo seguirá transformándose desde lo rural hasta lo urbano”.
Según el modelo elaborado por los geógrafos norteamericanos, la expansión urbana en la Argentina se dará en torno de las grandes ciudades actuales (Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba) y un poco menos en Mar del Plata, Bahía Blanca, Mendoza, San Juan y en un triángulo limitado por Neuquén, Cinco Saltos y General Roca.
A diferencia de los investigadores norteamericanos, Silberman no cree que la tendencia a la expansión de la superficie de las ciudades continúe. “El precio del combustible y el transporte va a frenar el crecimiento, ya que no va a ser viable que cada miembro de la familia tenga un auto con el que ir y venir del trabajo hacia los suburbios, que es el modelo urbanístico norteamericano que prima en los últimos 20 años. Es probable que en el futuro se desarrollen más ciudades focales en lugar de megaciudades”, apuesta el ex director de Planeamiento de El Bolsón, pueblo rodeado de una gran zona rural que fue precursor en temas ecológicos y hoy vive también una transición hacia lo suburbano.
“En la Argentina no hay prácticamente planificación urbana, y esto se observa no sólo en la aparición de edificios monstruosos de 20 pisos en las grandes ciudades, sino también en la multiplicación de barrios cerrados en ciudades pequeñas, como Rojas, en la pampa bonaerense, o Merlo, en San Luis”, señala el geógrafo Reboratti.
¿Qué hacer con las ciudades, entonces? “Se plantean dos posibilidades –explica Reboratti–: la densificación de las ciudades, aumentando el número de habitantes por hectáreas con la construcción de edificios, o la generación de suburbios alrededor de las grandes ciudades, pero ninguna de estas opciones funciona en la Argentina. Las ciudades satélites se terminan convirtiendo en dormitorios, y los countries, en paraísos artificiales de los que la gente emigra”, explica Reboratti. “Hay que buscar una situación intermedia, parecida a ciudades como Viena o Berlín”.

Pobreza urbana
El tema de la pobreza es un término insoslayable de la ecuación de las ciudades en el mundo. ¿Cómo hacer para que las mil millones de personas que viven en villas hoy, y que se duplicarían en 2030, mejoren sus condiciones de vida sin afectar el medio ambiente? Las políticas públicas son la respuesta, pero deben ser consensuadas con quienes habitan ya los asentamientos urbanos.
En este sentido, el plan de urbanización de la villa 21-24 de Barracas, presentado la semana pasada, es una forma de mejorar la infraestructura sin desplazar a sus habitantes ni privarlos de su geografía. Otras villas también están trabajando en su desarrollo urbano, con apoyo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FADU) de la UBA. Pero los conflictos entre ciudad y Nación tienen como rehén los créditos para la urbanización de las villas porteñas y, en consecuencia, también al ambiente.
“El corredor que va desde San Lorenzo, en Santa Fe, hasta San Pedro, en Buenos Aires ha sido urbanizado y crece aceleradamente”, apunta el biólogo Jorge Morello, investigador superior del Conicet y director del Gepama (Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente) de la FADU, donde estudia la frontera entre espacios agrícolas y urbanos.
“Se produce una migración de trabajadores rurales hacia los aglomerados urbanos y se generan asentamientos que son ocupados en forma anárquica en lugares que tienen vicios ecológicos, que son inundables o rellenos de basura con suelos movibles. Se generan así neoecosistemas, con plagas de ratas y cucarachas y una vegetación caracterizada por plantas de pantanos resistentes a metales pesados, como las que se ven hoy en los alrededores del Riachuelo”, explica el ecólogo de la UBA.
Según Morello, el hábitat más degradado del país está en la zona que va desde Quilmes hasta Ensenada. “Pero no hay que olvidar que existen lugares muy degradados en el centro de barrios pitucos, como La Cava en San Isidro”, dice el ecólogo.
Es cierto que los pobres viven en los territorios más degradados y están expuestos a los mayores riesgos ambientales por contaminación del suelo y del agua, las inundaciones y la falta de acceso a agua potable y cloacas. Pero, además, hay cuestiones intangibles que hacen al bienestar de las personas pobres que habitan un barrio.
Según una investigación realizada durante los últimos 15 años en Estados Unidos, y que acaba de ser publicada en la revista Science, el vecindario en el que vive una persona influye en su estado de felicidad más que otras variables (como el nivel económico y la situación laboral).
A esta conclusión llegaron investigadores que estudiaron el efecto de un experimento social realizado en los 1990 en grandes ciudades de Estados Unidos. Las autoridades ofrecieron vouchers de alquiler subsidiado a algunas personas que vivían en los barrios más pobres y peligrosos de ciudades como Nueva York y Chicago. La particularidad es que sólo podían usarlos en barrios menos pobres. Tras quince años, estudiaron a los que se habían mudado a un barrio mejor y a los que se habían quedado. Aunque no había diferencias en cuánto ganaban o el nivel de empleo, los que vivían en barrios menos pobres se sentían más felices que los otros y tenían mejores índices de salud mental. Vivir en un entorno con menos pobreza, dicen Jen Kudwig y sus colegas de la Universidad de Chicago, mejora el estado de ánimo.

Megaciudades
Entre 2011 y 2050, la población mundial se incrementará en 2300 millones de personas, según la última estimación de Naciones Unidas. En ese lapso, la población que vive en áreas urbanas sumará otras 2600 millones de personas. ¿Dónde irá a parar tanta gente? La mayoría, a ciudades de países en desarrollo, muchas de ellas ya desbordadas. En 1979, el mundo tenía sólo dos megaciudades (urbes de 10 millones de habitantes): Nueva York y Tokio. Hoy, Asia tiene 13 y América Latina, 4 (Buenos Aires, San Pablo, Río de Janeiro y México DF). En 2025, treparán a 37. Tokio seguirá siendo la más poblada del mundo, con 39 millones de habitantes. Pero los puestos siguientes serán ocupados por ciudades de países en desarrollo, como Delhi (India), Shanghai (China) Lagos (Nigeria) y Dhaka (Bangladesh). En América Latina, el 80% de la población ya es urbana y vive en ciudades a medio camino de la globalización. Esta tendencia es aún más fuerte en la Argentina, donde el 92% de los habitantes vive hoy en ciudades pequeñas, medianas, grandes o gigantescas, como Buenos Aires.
REVISTA EL GUARDIAN